Posiciones encontradas de opositores deslucen acto de Rosa María Payá

¿Por qué Rosa María no entregó esta primera versión del premio a alguno de los líderes históricos de la disidencia cubana o del exilio?

Por Alberto Hernández

‘Vamos a mudar el escenario a Cuba’, declaró la hija del opositor Oswaldo Payá, fallecido en el 2012 en un accidente de automóvil, antes de viajar a la Isla para entregar un premio en honor a su padre al Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, y de manera póstuma al ex presidente chileno, Patricio Aylwin.

Una actividad diseñada con ingeniosidad que logró captar el apoyo importante de figuras de la derecha regional tradicionalmente solidaria con la disidencia, lo que obligó al régimen a prohibir la entrada al país al propio Almagro, al ex presidente de México, Felipe Calderón, y también a la parlamentaria Mariana Aylwin, hija del ex presidente chileno.

En efecto, esa esperada reacción del régimen mostró su verdadero rostro de intolerancia ante la opinión pública internacional, pero al margen de ello, lo cierto es que no contar con el apoyo unánime de la oposición de ambos lados del estrecho de la Florida le restó lucidez y minimizó su impacto.

De acuerdo con una fuente vinculada al grupo opositor Movimiento Cristiano de Liberación (MCL) fundado por el padre de esta joven activista, expresó a condición de conservar su anonimato que Rosa María hace tiempo, por contradicciones irreconciliables con la directiva de esta organización, decidió apartarse de la misma y desarrollar su propia agenda personal.

Ella no cuenta con el apoyo del MCL, en el país solo la siguen cuatro gatos y ni siquiera es bien vista por otras importantes organizaciones opositoras en la Isla, especialmente las Damas de Blanco que le echan en cara que nunca las apoyó ni tuvo el menor gesto de solidaridad hacia ellas, comentó nuestra fuente.

Pero eso no es todo,  otros líderes opositores internos y del exilio le cuestionan sus viajes repetidos a Cuba y sobre todo, que el régimen lo permita aun conociendo que va a realizar ‘provocaciones’, como acostumbra a calificar la dictadura a las actividades opositoras.

Ello es todo un enigma, pues esta joven opositora abandonó el país junto a su familia, luego que ella, su madre y dos hermanos recibieran el estatus de refugiados políticos que le otorgó la Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana (SINA).

Cabe preguntarse entonces ¿Por qué no le permiten el ingreso a la isla a otros opositores que mantienen una activa labor de denuncia contra el régimen, incluso aquellos con igual estatus migratorio que el de ella? ¿Cómo se explica esa deferencia de las autoridades castristas hacia la presidenta de la Red Latinoamericana de Jóvenes por la Democracia (REDLAD)?

Reconocidos líderes opositores internos como José Daniel Ferrer, Guillermo Coco Fariñas, Antúnez, Manuel Cuesta Morua, entre otros, también decidieron no sumarse al acto de Rosa María Payá. Ellos la miran con recelos y algunos hasta la califican de oportunista, al considerar que el verdadero objetivo que se escondía detrás de ese acto era el de ganar protagonismo y mayor visibilidad mediática ara su proyecto “Cuba Decide”.

Por ello nuestra misma fuente lanzó la siguiente pregunta ¿Por qué Rosa María no entregó esta primera versión del premio a alguno de los líderes históricos de la disidencia cubana o del exilio? Ello explica, en buena medida, la causa por la que muchas organizaciones opositoras al interior y fuera del país decidieran no apoyarla conscientes de que haría el ridículo al no contar con suficientes seguidores.

Sin duda fue un buen plan al que le hubiera podido sacar mayor provecho, pero lamentablemente siempre volvemos a tropezar con la misma piedra, la falta de unidad que provocan las posiciones encontradas impidieron movilizar a todos los opositores de dentro y fuera del país en torno al mismo.

Sabemos que detrás de ello está la mano de la seguridad política del régimen, pero para la buena salud de la disidencia cubana no podemos tomar esto como excusa, tenemos que aprender de una vez y por todas a generar consensos dentro de la diversidad y eliminar, entro otros males que nos aquejan, el caciquismo.

Tampoco es serio organizar un acto en la Isla para gritar a los cuatro vientos “Vamos a mudar el escenario a Cuba”, y luego marcharse tranquilamente del país para continuar viajando por todo el mundo sin que ello se traduzca en acciones concretas que impacten y movilicen a la sociedad cubana.

Por supuesto, es necesario aprovechar esos escenarios internacionales para generar respaldos solidarios, pero lo imprescindible e impostergable es ganar el reconocimiento interno. Sin ello no conseguiremos nada. Hay que sembrar para cosechar.

Hispanista revivido.