Don Rafael O. Marcano
Don Rafael O. Marcano

París, 23 de julio de 2016.

Querida Ofelia:

Me envió desde Caracas, este interesante análisis nuestro querido y viejo amigo  economista y abogado venezolano. Rafael O. Marcano.  Debido al gran interés que puede despertar, te ruego que lo hagas circular entre amigos y familiares allá en San Cristóbal de La Habana.

“Caracas, 18 de julio de 2016.

Hace poco fuimos invitados al evento mencionado en el epígrafe, promovido por el Banco Central de Venezuela-BCV (nada menos), el Instituto de Altos Estudios Bolívar-Marx y la Escuela Venezolana de Planificación; y que debió celebrarse en Caracas los días 6, 7 y 8 del mes en curso.

Entre los temas en agenda se destacaban algunos tales como (resumidamente):

  • Agotamiento del sistema capitalista
  • Vigencia del marxismo
  • Guerra económica
  • Críticas al pensamiento pequeño burgués
  • Ofensiva popular en la construcción socialista
  • El marxismo en la lucha de clases
  • Economía “comunal”
  • Actividad petrolera y transición al socialismo
  • Y algo que luce novedoso ante el tradicional, consuetudinario y repetitivo menú arriba resumido, como lo es el tema de la diversidad sexual desde la perspectiva marxista; lo que no deja de sorprendernos.

Examinemos, también de manera resumida, las características resaltantes del esquema marxista de economía centralmente planificada desde el Estado, contrastadas con las del sistema de libre mercado.

  1. Toma de decisiones:
    • Marxismo: el Estado toma las decisiones económicas de cualquier nivel de manera monopólica a través de sus instituciones de control político – económico tratando de aislarse del proceso de “globalización”; por ello el interés en el así llamada “desarrollo endógeno” que se refiere básicamente a marcos de autarquía que ha probado históricamente su ineficiencia para la elevación de los niveles de vida (pensemos en la separación de Venezuela de la Comunidad Andina).
    • Libre mercado: los agentes económicos oferentes, a través del mercado; deciden qué, cómo y para quién producir mientras que los agentes demandantes deciden qué, cuándo y a quién comprar y cuánto pagar (pensemos en las bolsitas del CLAP). En estas circunstancias, se le otorga una creciente importancia al proceso de “globalización” puesto que éste viene acompañado de mayor competencia, uso de innovaciones tecnológicas y menores costos unitarios por economías de escala.
  2. Régimen de propiedad:
    • Marxismo: Tanto los factores de producción como los bienes de consumo son propiedad “pública” o “social” que en lo fundamental son la misma cosa puesto que es ejercida por el Estado o por alguna entidad dependiente de éste y son “adjudicados” a las personas en lo que para nosotros sería apenas un “derecho de uso” y a veces de “usufructo”, nunca gratuitos (¿Qué tal los apartamentos de la Gran Misión Vivienda Venezuela (GMMV)? Así, el Estado se reserva para sí la prerrogativa de decidir qué va a consumir cada quien; cuándo, cuánto y a cuál “precio”.
    • Libre mercado: La propiedad es privada ya que los factores de producción y los bienes de consumo pertenecen a cada persona, quien puede “usar”, “gozar o disfrutar” y “disponer” de la cosa de manera exclusiva (con “derecho de accesión”). Esta condición hace posible que alguien esté dispuesto a ofrecer lo que valore menos a cambio de algo que valore más o demandar algo que valore más a cambio de algo que valore menos y esto es crucial en la imposibilidad práctica del éxito del marxismo como sistema axiológico basado en preferencias y deseos de los ciudadanos actuando individual y libremente hacia la satisfacción de sus múltiples necesidades con recursos escasos.
  3. Orientación de la actividad productiva:
    • Marxismo: por ser quien toma las decisiones económicas, el Estado, a través de sus instituciones de planificación central orienta la actividad productiva, razón por la cual, es quien determina la oferta agregada y, en última instancia, la demanda agregada. Así que la influencia del Estado en la formación y tendencia del Producto Interno Bruto (sin mercado) es inconmensurable, ya que la disponibilidad de bienes para el consumo final depende de manera muy fundamental del “olfato” o de los intereses políticos (por no haber información de mercado) de los miembros del “soviet supremo” o de su equivalente local.
    • Libre mercado: es el empresario quien decide qué, cuándo y cómo producir utilizando como “input” fundamental para su toma de decisiones la información de precios, etc., generada praxeológicamente en el mercado.
  4. Filosofía que rige la actividad económica
    • Marxismo: Igualdad absoluta entre los seres humanos (muy a pesar de la diversidad natural), lo que Implica: 1) distribución igualitaria de la “riqueza”, indisoluble y necesariamente unida a 2) control político de la sociedad por vías coercitivas, coactivas y represivas limitando significativamente las libertades civiles.
    • Libre mercado: siguiendo las tendencias recientes (capitalismo popular y consciente) tiene como nortes: 1) la satisfacción de las necesidades humanas mediante la producción masiva de bienes y servicios de consumo final, 2) la generación de “empleos decentes” justamente remunerados para mejorar el poder adquisitivo de los salarios y por último, 3) el afán de lucro, imprescindible para garantizar la sobrevivencia del emprendimiento. Este sistema reconoce y respeta ontológicamente la natural e inevitable diversidad humana.
  5. Fijación de los precios
    • Marxismo: en un esquena comunista no puede hablarse, con puridad lógica, de precios propiamente dichos por la sencilla razón de que el mercado es inexistente (incluso prohibido). Los valores de los bienes que el Estado cobra a los usuarios son determinados por él mismo a través de sus instituciones de planificación central. Nótese que el Estado crea el dinero, valora el trabajo (sin mercado laboral), “adjudica” salarios y asigna un (pseudo) precio a los bienes de manera monopolística y unilateral; o sea, coloquialmente hablando, “paga, cobra y se da el vuelto”. Para Marx y sus seguidores, el valor de la mercancía debe reflejar el costo del quantum de trabajo socialmente necesario para producirla. Las dificultades son más que obvias.
    • Libre mercado: los precios los determina la oferta y la demanda; por ello, son considerados representativos de la deseabilidad y escasez relativa de los mismos, por lo que desde el punto de vista axiológico vienen a ser la expresión aritmética de las valoraciones intersubjetivas de los individuos actuando libremente para la satisfacción de sus necesidades de acuerdo a sus realidades.
  6. Papel del Estado:
    • Marxismo: el Estado toma prácticamente todas las decisiones económicas, incluyendo las que corresponden al ámbito de la vida personal. No hay libertad de acción individual (se privilegia lo colectivo) y por lo tanto no hay protección a los Derechos ciudadanos. Se castiga la disidencia.
    • Libre mercado: Por un lado, el Estado vela por la creación del bien común que no es otra cosa que el fomento de las condiciones de vida que permiten a los individuos accionar para la satisfacción de sus necesidades. Con tal propósito, elabora el marco jurídico y económico que garantiza: 1) la libertad de acción individual, 2) la plena protección de los Derechos ciudadanos y 3) el castigo a las violaciones a dichos marcos. Por otro lado, atiende las necesidades de carácter macroeconómico que son las que no pueden ser satisfechas por la iniciativa privada debido a sus altos costos; ejemplos: orden y servicios públicos en general, seguridad ciudadana, administración de justicia, y obras públicas (infraestructuras).
  7. Cálculo económico:
    • Marxismo: En el esquema comunista, el cálculo económico imposible, innecesario y hasta ilegal. La optimización técnico – económica es inviable lo cual hace que la productividad sea baja y que las sociedades bajo este sistema sean propensas a regresar al trueque u otras formas rústicas de intercambio de altos costos sociales de transacción; por ejemplo: mercados negros.
    • Libre mercado: El cálculo económico es posible y fundamental porque sin él no hay intercambio cataláctico. La optimización técnico–económica se hace viable y permite la utilización de métodos econométricos y criterios walras – paretianos para alcanzar la máxima satisfacción de las necesidades con base a los recursos disponibles, siempre escasos.

Reflexionemos ante esta paradoja: ¿Cómo planificar centralmente la economía de una sociedad compleja sin echar mano del cálculo económico?  ¡Imposible hacerlo de manera exitosa!

Esta inobjetable realidad fue plasmada por Ludwig von Mises en su “teorema de la imposibilidad del socialismo”, según el cual, “el socialismo es un error intelectual imposible teórica y prácticamente”;

Porque:
“1º) El enorme volumen de información necesario no puede ser gestionado por la mente de una única persona o comité en un tiempo limitado”;

Porque:
“2º) La información necesaria es de carácter subjetivo, está dispersa en la mente de muchos individuos y además tiene un carácter tácito, no articulable”;

Porque:
“3º) En cualquier caso, el carácter dinámico de los procesos económicos, impide que el gobernante disponga de información que aún no ha sido creada”; y

Porque:
“4º) Finalmente, el propio carácter coactivo de la intervención en el sistema económico distorsiona, corrompe, dificulta o simplemente imposibilita la generación y transmisión de la información necesaria”.

En conclusión, ¿se puede hablar con propiedad de “economía política marxista”? ¿Si el cálculo económico es imposible y hasta ilegal, de cuál “economía” se trata?

Teniendo a la vista las consideraciones anteriores, más la evidencia empírica, pensamos que de lo que se trata es de un corpus ideológico que por soslayar la importancia de la libertad individual en el progreso material, su objetivo, de facto, se ve limitado a la instauración de un sistema de dominación de una cúpula dogmatizada e intelectualmente inflexible sobre una sociedad entera, independientemente de su calidad de vida.  Rafael O. Marcano A.”

 Con gran cariño y simpatía,

Félix José Hernández.

 

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