Roselló gana las elecciones…

La expresión democrática que el pueblo de Puerto Rico hizo ayer en las urnas demanda el mayor de los respetos, como también lo requiere el mandato ineludible que tienen los funcionarios electos de encaminar al País por la ruta de la recuperación económica y del entendimiento social.

Atrás queda el ruido de las campañas eleccionarias y debe asentarse el foco en el País. La selección indiscutible del Dr. Ricardo Rosselló como gobernador, acompañada por el triunfo de su Partido Nuevo Progresista en la Cámara de Representantes y el Senado, constituye sin lugar a la dudas la orden que el pueblo acaba de dar a favor del cambio, uno que coloque en primer lugar las decisiones que lleven a la recuperación de las finanzas gubernamentales, la reorganización de la deuda y la atención a los servicios públicos esenciales.

Es importante destacar que el porcentaje electoral que convierte a Rosselló en el próximo inquilino de La Fortaleza -poco más del 40% de los votos- acarrea otro contundente mensaje. El reclamo de cambio reside también en que casi el 60% de los votantes optó por las demás colectividades y por candidatos independientes. No puede pasarse por alto que, en conjunto, estos mostraron la enorme fuerza que tiene la diversidad de visiones y el anhelo de la gente de propuestas innovadoras y de soluciones reales.

Es importante que el nuevo gobernador atienda también las aspiraciones y metas de estas otras fuerzas políticas, que tienda puentes y les tome en cuenta a la hora de encaminar sus propuestas, si quiere que tengan una aceptación amplia más allá de sus partidarios. La coyuntura actual que presenta la supervisión del gobierno de Puerto Rico por la Junta de Supervisión Fiscal demanda apertura de miras, y capacidad para el diálogo y la persuasión por parte de nuestros funcionarios electos.

El gobierno electo tiene la responsabilidad de trabajar mano a mano con el ente fiscal para aliviar la crisis e impulsar el desarrollo económico.

De igual forma, los resultados electorales colocan sobre las minorías la indelegable función de vigilancia crítica y de fiscalización responsable. Pero más importante aún, de colaborador en su otra función, la de contribuir desde sus puestos en los cuerpos legislativos y en los municipios, a poner al País nuevamente de pie, desde la oposición constructiva.

Este escenario político apunta a la erosión en los partidos tradicionales y su creciente desconexión con los votantes. La demostración que hicieron los candidatos fuera de los partidos -por primera vez en la historia, una candidata independiente, Alexandra Lúgaro, se coloca entre los primeros lugares en votos- redefine el juego electoral local, acercándolo a las corrientes mundiales de lo alternativo.

El descenso que han experimentado los partidos inscritos no parece ser un fenómeno coyuntural ni pasajero. Por el contrario, es menester vislumbrar, en las candidaturas exitosas como la de José Vargas Vidot al Senado, el espacio que están ganando las nuevas caras y las formaciones políticas emergentes en influencia y en la estructura política.

Dicho esto, es preciso recalcar que la campaña política acabó. Que el tiempo de promesas y propuestas pasó. El gobierno electo no tiempo que perder. Le toca emprender de inmediato las reformas y los cambios necesarios para enderezar las finanzas públicas, a la vez que se va pagando la deuda, asegurar los fondos federales para la salud y la educación, y darle impulso a la creación de empleos, sin olvidar atender los inmensos retos sociales que incluyen combatir la corrupción.

Llegó el momento de dejar el partidismo atrás, de transformar los conflictos en oportunidades de cooperación. Es hora de poner a Puerto Rico por delante y de gobernar para todos.

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