Consignar la existencia de movimientos extranjeros que creen en lo español más que nosotros, ¿no sería un revulsivo para nuestra maltrecha esperanza como nación?

 

Daniel Cotta, blog Almanaque de alacranes
Hace un año conocí la existencia de un curioso y conmovedor movimiento ciudadano en Puerto Rico: el MRE, el Movimiento por la Reunificación con España. Sus fundadores persiguen el quijotesco sueño de volver a integrarse en España como nación. Puede sonar a alucinación, pero el movimiento es real, y no se funda en los añejos deseos de un grupo de castizos carcamales nostálgicos de las glorias españolas de antaño. Es un movimiento nacido en Puerto Rico e integrado por puertorriqueños de una generación joven y adulta. ¿Qué les lleva a marcarse ese propósito? Cuatro son los motivos que podríamos espigar.

En primer lugar, su indefinición como pueblo: pasaron de una identidad española forjada durante cuatro siglos a ser ocupados por el poderoso vecino del norte, que en pocas décadas impuso lengua, costumbres y sistema educativo.

En segundo lugar, el descubrimiento de una verdad histórica desvirtuada, manoseada y falseada por el país ocupante, que perpetuó los tópicos sobre la sanguinaria crueldad española que abanderó contra nosotros en la Guerra del 98.

En tercer lugar, su indefinición administrativa: ¿qué es eso de Estado Libre Asociado? Ni los propios boricuas lo saben. Dependen de Estados Unidos, pero no conforman un estado de la Unión: ni siquiera tienen derecho a votar en las elecciones presidenciales; lo más que pueden hacer es enviar un representante al Congreso.

En cuarto lugar, su deseo de una mayor autonomía, concretamente en el terreno económico: los puertorriqueños ven en nuestras comunidades autónomas mayor libertad de acción que la que a ellos les concede Washington, que les prohíbe el comercio exterior; de hecho, una de sus consignas es la siguiente: Queremos ser la 18ª autonomía española, y aspiran a un estatus territorial semejante al del archipiélago canario, con quien se sienten singularmente identificados. Pese a lo utópico de su propuesta, alimentan una fe firme en crecer, darse a conocer y propagar su ideario, que no ideología. Conmovedor y sorprendente, ¿verdad?

Sin embargo, aunque José Nieves e Iván Arrache (dos de los principales impulsores de este movimiento ciudadano) consideren que su pequeña isla sería la gran beneficiada de la reunificación, pienso que los beneficiados seríamos los españoles, cuya identidad como país se ve tan comprometida en estos tiempos. Consignar la existencia de movimientos extranjeros que creen en lo español más que nosotros, ¿no sería un revulsivo para nuestra maltrecha esperanza como nación? Mis alacranes así lo creen, y Alacrante ha añadido en su aguijón una reflexión corrosiva sobre nuestra realidad nacional:

La cosa tiene bemoles.
¡Los catalanes, zahareños,
repudiando nuestros oles,
y algunos puertorriqueños
queriendo ser españoles!

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