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¿Qué depara el futuro para Cuba?

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La larga y difícil jornada hacia la normalización de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba comenzó en diciembre de 2014 con la relajación de las sanciones económicas anunciadas por el presidente Obama. ¿Qué significa esto para el futuro de Cuba? Traerá la normalización una transición hacia una economía de mercado y un pluralismo político, o simplemente aliviará dificultades económicas y fortalecerá el régimen autoritario?

Cuba y su población de 12 millones de habitantes no podrán seguir la ruta de Europa del Este en el decenio de 1990. No tiene una Alemania Occidental dispuesta a pagar un alto precio por la reunificación, ni una Unión Europea dispuesta a recibir a una economía reformada. No es un país grande rico en recursos capaz de sostener a una oligarquía de magnates de empresas privatizadas, ni a un grupo de burócratas de alto rango en grandes corporaciones estatales. Vietnam podría ser un modelo plausible, pero su experiencia con los parques industriales orientados hacia las exportaciones y el regreso de emigrantes sugiere caución.

Es probable que Cuba trace su propio curso. La resiliencia del país y su capacidad de adaptación hacen poco probable un colapso súbito del régimen. Reformas graduales orientadas hacia el mercado y una lenta liberalización política son más viables, aunque un juicioso apoyo exterior podría acelerarlas.

Los logros sociales de Cuba son reales e innegables. Desde la nacionalización de la educación, la salud y otros servicios en 1961, todos los cubanos han disfrutado de acceso gratis a la educación, atención médica y protección social. El desarrollo social siempre ha sido una prioridad, incluso en momentos de grave crisis económica: hasta un tercio del presupuesto nacional se ha destinado sistemáticamente a los sectores sociales. Cuba es uno de los tres países latinoamericanos en el Índice del PNUD de “muy alto Desarrollo Humano”, tan sólo por debajo de Chile y por encima de Argentina, superando a Uruguay, Costa Rica y Panamá. No obstante, el ingreso por habitante de Cuba es aproximadamente la mitad del de estos países.

Los avances sociales que Cuba ha logrado arduamente están amenazados por el estancamiento económico, la baja productividad, los altos niveles de deuda externa impaga, la transición demográfica y una juventud desilusionada. Durante la mayor parte de los últimos cinco decenios, el apoyo de la Unión Soviética, el Consejo para la Asistencia Mutua Económica socialista (CAME), Venezuela y, en menor grado, China, ayudó a Cuba a superar sus dificultades económicas. Este apoyo no existe más; Cuba está sola, enfrentando el desafío de armonizar objetivos económicos y sociales. Mantener los avances en educación, salud, expectativa de vida, y otros indicadores sociales, a la vez que se incentiva el avance personal, fomenta el emprendimiento y mejora la productividad, demanda un acto de malabarismo político extremadamente difícil.

Cuba frustrará las esperanzas de ávidos inversionistas que sueñan con rápidas ganancias en una versión tropical de Las Vegas o una Disneyworld de tamaño real; confundirán a los ideólogos de ultraderecha que aborrecen todo lo que los hermanos Castro han hecho, y a izquierdistas intransigentes que perciben cualquier desvío de los viejos ideales revolucionarios como una traición. La respuesta inicial de Raúl Castro a la iniciativa de Obama ha sido cálida y acogedora, pero ha dejado en claro que Cuba no abandonará el socialismo.

Con el tiempo, las reformas económicas podrían conducir a una economía mixta exitosa, con reglas claras y justamente aplicadas para las corporaciones estatales, empresas domésticas privadas, asociaciones público-privadas, empresas conjuntas, cooperativas y empresas sin fines de lucro. Será necesario definir en que medida la planificación o el mercado determinarán la asignación de recursos a las actividades económicas, y cómo los instrumentos de política de tipo comando y control coexistirán con los incentivos basados en el mercado. El turismo, la agricultura y la energía –incluyendo los biocombustibles– serán los primeros campos de prueba para los avances hacia una economía mixta.

Cuba necesitará de organismos reguladores independientes, con participación de los consumidores, para guiar las reformas orientadas hacia el mercado. Las agencias reguladoras deberán estar respaldadas por normas y reglamentos claros, a fin evitar su captura por las empresas reguladas y la interferencia estatal. El desarrollo de la infraestructura y los servicios de telecomunicaciones pondrán a prueba la voluntad de las autoridades cubanas y de los inversionistas extranjeros para llegar a acuerdos sobre como regular su expansión y actualización.

Las industrias de la biotecnología tienen un gran potencial, que se basa en las capacidades cubanas de investigación y desarrollo. Cuba produce vacunas, equipos de diagnóstico, y productos farmacéuticos; tiene una robusta línea de nuevos fármacos en desarrollo; y fabrica también productos para la protección de animales, peces y plantas. De acuerdo con un informe reciente de la Escuela Wharton: “A pesar de ser una isla a la que le es difícil producir sus propios alimentos y bienes de consumo, Cuba sobresale en la producción y exportación de biotecnología y productos farmacéuticos, que se han convertido en una importante fuente de divisas extranjeras, a la par de la venta de servicios médicos profesionales en el extranjero”.

Cuba podría también capitalizar su éxito en la prestación de servicios sociales básicos, ayudando a otros países a mejorar sus programas de salud, educación y protección social. Por otra parte, el talento artístico local podría beneficiar a las industrias creativas, sobre todo la música, que podría volverse una actividad económica clave si se aprovecha el acceso a las tecnologías de información.

Armonizar los objetivos del desarrollo social y económico en el periodo posterior a las sanciones requerirá de una nueva generación de administradores y gestores cubanos, aptos en los negocios y con sensibilidad social. Más allá de internalizar principios de responsabilidad social y medioambiental, deberán explorar maneras de preservar los logros sociales y aprovechar las nuevas oportunidades comerciales. Una vinculación selectiva con las instituciones financieras internacionales, particularmente con los bancos de desarrollo regionales de América Latina, ayudaría a Cuba a obtener financiamiento, asistencia técnica, entrenamiento y apoyo en la creación de capacidades.

Cuba ha demostrado a lo largo de los últimos cinco decenios que es posible mejorar los indicadores de desarrollo social sin necesidad de tener altos niveles consumo material o ingreso por habitante. Si rechaza la premisa de crecimiento a cualquier costo, Cuba podría señalar nuevos caminos hacia el desarrollo equitativo, sostenible y de realización personal.

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Autor: Francisco Sagasti es miembro de la Comunidad Strategic Foresight del Foro Económico Social. Es profesor de Innovación, Estrategia y Futuros en la Escuela de Graduados de la Universidad del Pacífico, y también investigador emérito de FORO Nacional Internacional, en Lima, Perú.

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