¡Qué me devuelvan a Pocahontas!

Pocahontas se enamoró de un joven español, 80 años antes de la historia contada por Smith. El primer John Smith era sevillano y se llamaba Juan Ortiz

  • La historia ocurrió muchos años antes de que llegasen los primeros ingleses a Norteamerica.
  • Durante la expedición de Pánfilo Narváez a La Florida, Juan Ortiz estuvo a punto de ser abrasado en una parrilla. Afortunadamente un princesa indígena le salvó la vida.

 

Las películas y dibujos animados han popularizado un personaje John Smith, el explorador inglés enamorado de la princesa Pocahontas; sin embargo, esta leyenda está basada en un hecho real ocurrido 80 años antes donde el protagonista era un conquistador español. Se llamaba Juan Ortiz, sevillano, miembro de una expedición que había salido de Cuba en busca del cruel Narváez.

La princesa Hirrihigua vivía en la Florida y era la hija del jefe de la tribu que le capturó. Se compadeció del joven español de 18 años  cuando su padre, el Jefe Ucita, lo condenara a morir abrasado.

El Explorador Pánfilo de Narváez (El Gobernador John Ratcliffe) había organizado en el año 1528 una expedición para explorar La Florida. Sediento de oro cometió todo tipo de atrocidades contra los indios, torturándoles para que delataran sus escondites. Por esta razón ha pasado a la historia como ejemplo de codicia, estupidez y crueldad.

Las crueldades de Pánfilo de Narváez, perjudicaron al resto de los exploradores españoles. España tardó décadas en instalarse en Florida por el odio que sentían los indios hacia de aquel primer conquistador.

El jefe indio vió y padeció en su propia carne la crueldad de Pánfilo de Narváez que le cortó la nariz.

Desde Cuba llegó a Florida un barco buscando a la expedición de Pánfilo de Narváez. Los tripulantes desconocían la enemistad con los indios que había creado Narváez. Aunque tomaron como rehenes a 4 nativos como precaución a cambio de los 4 españoles que desembarcaron, se vieron sorprendidos. De repente, los indios que estaban en el barco se lanzaron al agua y fue imposible alcanzarlos. Cuando llegó la lancha a la playa con los 4 españoles, fueron rodeados por una multitud que los tomó prisioneros.

Incapaces de poder rescatarles sanos y salvos y ante la enorme cantidad de indígenas, el barco zarpó abandonándoles a su suerte. No sin antes contemplar horrorizados como sus compañeros morían asesinados bajo una lluvia de flechas. Pero lo peor estaba por llegar. En efecto, el Jefe indígena había decidido que uno de los exploradores pagase por todas las atrocidades de Pánfilo de Narváez, y para ello preparó un cruel entretenimiento en el poblado. Primero, hizo que tres españoles corriesen desnudos entre los indios, mientras que se les lanzaban flechas dirigidas hacia puntos no vitales de sus anatomías con el objetivo de alargar sus agonías. Mientras estos hechos se producían, a Juan Ortiz le mantuvieron apartado. El español no podía sospechar que el Jefe indígena le reservaba una suerte peor. Quizás el aspecto noble de Ortiz le hizo creer que tenía algún parentesco con Pánfilo Narváez y por esa razón, pretendía inflingirle crueles tortuturas para vengarse por todo el daño que el Conquistador le había causado.

Salvado in extremis por la princesa Hirrihigua

Le atormentaron durante muchos días. Incluso le pusieron en una parrilla con la intención de asarle. Los gritos desesperados del joven, hicieron que la hija del Jefe, la princesa Hirrihigua se compadeciese de él. Con la ayuda de su madre y otras mujeres consiguieron que su padre le soltara de momento. Como recuerdo de este hecho su cuerpo quedó marcado por una terribles cicatrices toda su vida. Harta la princesa de la crueldad de su padre, hizo que se evadiera, no sin antes encontrarle una tribu rival cuyo jefe estuviera dispuesto a acogerle.

Durante años 10 años vivió con esta tribu. Hernando de Soto le salvó la vida.

Años después, el explorador español Hernando de Soto llegaría a la Florida, en una expedición que recorrería 8 estados de los actuales Estados Unidos de América. Se cree que fue en la Bahía de Tampa, en St. Petersburg, donde fue rescatado. Los barcos españoles acostaron en la zona y Juan Ortiz en compañía de otros indios fue a su encuentro. Cuando la expedición de Soto se encontró con esta partida de indios quedó muy sorprendida pues uno de ellos gritaba en español con acento sevillano, “Soy cristiano” , “No me matéis”. Llevado ante la presencia de Hernando de Soto, Ortíz le relató su historia con lágrimas en los ojos. Este le puso directamente a su servicio. Se incorporó a la expedición como ayudante e hizo de intérprete ante los indios.

El relato fue publicado en el año 1557 por un miembro de la expedición de Hernando de Soto, y es muy probable que John Smith adaptara la historia de Juan Ortiz en (1607). Siempre se dudó de la veracidad de su relato por la cantidad de incoherencias que presenta. Tampoco la forma de actuar de los indios de la época corresponde con lo que él contaba; además, esta “biografía” se dio a conocer al público tras haber publicado durante años otros textos de menor relevancia. Una cosa es cierta, el carácter fanfarrón y oportunista de John Smith. Por eso, no sorprende que se robara la vida del español. Los investigadores creen que pudo adaptar la biografía Juan Ortíz que había leído en Londres en el año 1605, fecha en la se publicó la traducción.

Hispanista revivido.