¿Quién y cómo se sufragó la ‘Independencia’ de América? IV

España no expolió de metales preciosos a América

 

Heraclio Bonilla y Karen Spalding nos dicen que “hacia fines del siglo XVIII, la riqueza estaba concentrada en Lima, por el desplazamiento hacia esta ciudad de los propietarios de minas, haciendas agrícolas, obrajes y de otras fuentes mayores de ingresos.”   Analizando esta frase se deduce que no eran las minas las principales generadoras de recursos. Debemos considerar que la maquinaria utilizada en aquellos momentos para extraer el mineral no podía ser, ni con mucho, tan efectiva como la que es hoy utilizada por quienes, a costa de los virreinatos, pasaron a explotar los recursos nacionales a partir de 1822.

Cierto es que existieron impuestos extraordinarios, derivados principalmente en la época borbónica por necesidades de la defensa, pero esos impuestos extraordinarios representarían, al fin, una pequeña parte de lo aportado.

Como consecuencia de la quiebra económica en que se encontraba España a caballo de los siglos XVIII y XIX, el gobierno acostumbraba a pagar con vales que debían ser hechos efectivos en México, de donde con mucha frecuencia eran devueltos sin ser atendidos.

Con las consideraciones señaladas, podemos afirmar que el mito de que España expolió de metales preciosos a América no es sino un capítulo más de la historia negra europea contra España, escudo utilizado para distraer del expolio que de toda la Hispanidad iniciaron a principios de un aciago siglo XIX y continúan efectuando hoy a buen ritmo.

El asunto que sí marcó un antes y un después en el devenir de los conflictos fue el Real Decreto de 2 de Febrero de 1778 donde, además de abrir el comercio a más puertos del Imperio, se daba un sesgo que nunca antes tuvieron las relaciones comerciales entre la España de ambos lados del Atlántico; a saber: al estilo británico y liberal se priorizaba   el mercantilismo.

Señala Jerónimo López Soldevilla que “el comercio que durante los siglos anteriores había estado mucho más restringido, sobre todo el exterior, a partir de 1765 se amplió, al ser habilitados al comercio hispanoamericano siete puertos de España: Málaga, Cartagena, Alicante, Barcelona, Coruña, Gijón y Santander. En 1778 se abrieron cuatro más: Almería, Alfaques de Tortosa, Palma de Mallorca y Santa Cruz de Tenerife.”   Pero esto no colmaba las ambiciones de la oligarquía criolla ya que en las circunstancias geopolíticas del momento, los comerciantes americanos se consideraron en inferioridad de condiciones respecto a los comerciantes peninsulares al no poder acceder directamente al comercio extranjero, sin caer en la cuenta que, de haberlo hecho, los resultados hubiesen resultado más contrarios, como lamentablemente la historia ha demostrado.

Ellos serían los que primero se acercarían a los piratas ingleses, holandeses y franceses con el objetivo de obtener un mayor beneficio económico, sin importarles, como más adelante demostrarían, ofrecer a aquellos no sólo lo que negaban a la Patria, sino prácticamente todo que tenían a su alcance, fuese suyo o ajeno.

La aristocracia económica americana, así, fue el germen del separatismo.

Pero además existieron otros acontecimientos que afectaron al pueblo: La reforma fiscal ilustrada, ávida de ingresos, cosía a impuestos al pueblo español… también al pueblo español americano, lo que motivó los levantamientos de los comuneros como consecuencia de la Real Orden del 17 de agosto de 1780, de cuya ejecución era responsable el Regente Visitador General Juan Bautista Gutiérrez de Piñeres, y que implicaba el aumento “en 2 reales cada libra de tabaco y otros 2 al azumbre (medida de líquidos) de aguardiente” . Esta subida de impuestos significaría el inicio de la protesta de Socorro y el subsiguiente conflicto de los Comuneros.

Sin embargo, y si tenemos en cuenta los estudios realizados sobre la situación fiscal del Nuevo Reino de Granada, parece que la elevación de impuestos estaba, además, plenamente justificada por el hecho de que en aquellos momentos el déficit del Nuevo Reino alcanzaba a los 170.000 pesos, que eran cubiertos por el virreinato de Perú, que además debía apoyar también a Montevideo, México y Chile. Luis Corsi Otalora señala que “El estado Hispánico invertía más en la Nueva Granada que lo recolectado en ella.”

Además, hablando en porcentajes, ¿de qué estamos hablando: Salomón Kalmanovitz responde la pregunta: “En 1760 los impuestos podían llegar al 3% del PIB, mientras que en 1800 eran de un 10%, al que se debe sumar un 1,2% por los diezmos.”

Que en 40 años suban los impuestos más de un trescientos por cien es realmente alarmante, pero también es alarmante que el pago de esos impuestos, una vez triplicados, sea irrisorio y deseable si lo comparamos con la escalada que sufrieron esos mismos impuestos tras la conquista inglesa de la Hispanidad, perfeccionada en 1822.

Hispanista revivido.