En Cuba ni fuera de ella la disidencia tiene credibilidad alguna y mucho menos apoyo popular, sencillamente son etéreos, intrascendentes y por principios, cuestionables.

 

Por Ramón Muñoz Yanes de su perfil de Facebook

La imagen que se recibe en el exilio de la disidencia, en el mejor de los casos, son de grupos entre dos y tres personas que en cualquier calle de la Habana o guardarraya del interior, gritan ¡Abajo la Dictadura! y son detenidos por las fuerzas represivas. No va más allá de esto o la Procesión Semanal de las Damas de Blanco con su secuela de escándalos y barullos internos, con jefas que hacen periplos por el exterior y compran en divisas en el mercado negro. 


El pueblo de Cuba no es tonto y el exilio tampoco, aunque ocasionalmente algún afecto de ingesta de proteínas de vacuno y Budweiser, se le salga la veta patriótica y los defienda. El cincuenta por ciento de la disidencia cubana se ganó su pasaporte y partió allende el malecón, mientras el otro cincuenta por ciento, está en franco proceso de avalar una condición de refugiado político ante los Estados Unidos.


¿Por qué nadie los respeta, salvo cuatro católicos trasnochados y algún exiliado con ganas de reyerta? Porque se auto proclaman pacíficos y son reformistas, no piden el fin de la dictadura, solo mejoras y el cubano de a pie pide a gritos el fin del sistema. Si a esto le sumamos, que hay miles de partidos políticos creados y llamados de oposición sin una plataforma creíble y con dirigentes autoproclamados, que viven de la ayuda de algunos incautos del exterior, el pronóstico es gris con pespuntes negros.


Llevamos sesenta años de tiranía y es suficiente incluso para que cualquier mortal con un coeficiente próximo a la oligofrenia, comprenda que a una dictadura no se le saca del poder con gritos en esquinas, ni caminatas al estilo de marchas combatientes. Menos aún, con la infamia de combatir con la mentira a la mentira, como es el mayor caso de desprestigio a una forma de lucha, el del que nunca se muere de La Chirusa, recordista mundial y olímpico de huelgas de hambre, en contra de cualquier criterio médico elemental. 


El caso Payá demostró con creces, que la lucha frontal de un hombre honesto contra una dictadura, no tiene la menor posibilidad, cuando se hace por vías pacíficas o religiosas, salvo para que los descendientes viajen por medio mundo rentabilizando económicamente su figura. Buena persona, hombre íntegro, un gran demócrata, cristiano practicante dirán unos, pero por el otro lado, la bestia de Birán sigue ahí, indemne.


Por otro lado, el sospechoso caso de un tipo que de EEUU regresa a vivir plácidamente a una casona señorial en Miramar y crea Estado de SATS, ¿pero esta gente cree que el cubano es imbécil? ¿Que los ciudadanos no han visto que el estado lleva fabricando hace décadas a sus enemigos?¿Qué puedes crear un movimiento opositor en las fauces de la bestia y ésta lo pase por alto?


El caso de Yoanis Sánchez es más preparado, una filóloga de indudable arte literario, crea un diario digital, después de dos años y medio en Suecia, que se repatria sin permiso y que por romper su pasaporte no pueden devolverla. Hágalo usted y después me cuenta. ¿Pero un periódico digital en Cuba, que bloqueó durante décadas un proyecto multimillonario como Radio Televisión Martí? Todos pacíficos y buenas personas, excelentes ciudadanos, pero literalmente sospechosos. Anoche yo sumaba 14 y medio, más dos años en Suecia, más hace unos diez años que la conocemos, es igual a 26 y siempre es 26. Coño, esa cifra no me gusta.


Ahora el señor Cardet preso, líder del Movimiento Cristiano de Liberación, otro cristiano pacifista, que creo que es médico, buen ciudadano, un hombre de principios, ¿pero de qué nos servirá, salvo para que después que lo muelan a palos lo veamos por acá recibiendo homenajes y premios? Pero la Bestia sigue ahí, ¿bien y tú?


A pesar de los 17 000 000 000 (17 mil millones) de dólares que los cubanos fariseos del exilio inocularon a la dictadura los últimos cinco años, el sistema es vulnerable. Basta con acciones punitivas donde duele, el turismo y los renglones exportables, algo tan sencillo como privar de servicio eléctrico a instalaciones con pocas probabilidades de ser detectado o la infalible tea incendiaria, que contribuyó a liberarnos de España. Lo demás es cuento de camino, obtención de pasaportes y algunos emolumentos para darse algún gustito, en medio de la barbarie.


Soy ateo disidente, mientras no vea acción real, libre de contaminación estatal evidente y ojalá no se concluya el cocido de una apertura democrática con un Senado con líderes opositores incluidos, porque entonces sí, que hay comunismo pa’ rato como decía mi abuelo.


¡Feliz Navidad a la oposición actual y les deseo un 2018 con muchos pasaportes y viajes!


R.Muñoz

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