Rebautizado el gran Teatro de La Habana

Alicia Alonso se nombrará el Gran Teatro de La Habana

 

Una decisión adoptada con carácter excepcional por el Consejo de Estado de la República de Cuba, que ha sido respaldada por destacados artistas e intelectuales de la Isla

 

de JR

Nunca es tarde, si la dicha llega, afirma el refrán popular. Y la dicha nos llegó a todos, porque sin dudas Alicia es uno de nuestros mayores orgullos. Por eso se trata de una decisión que no es un capricho, ni un pensamiento desatinado. Era lo lógico, tratándose de una figura de la envergadura de Alicia Alonso, con esa trayectoria inmensa que tiene como artista. Quizá no ahora de inmediato, pero estoy convencido de que, como la costumbre lo sintetiza todo y lo hace más racional y justo, la gente lo llamará muy pronto Gran Teatro Alicia Alonso, porque, desde luego, ya se sabe que está situado en La Habana. Y no solo eso, sino que constituye el más antiguo de América y que empezó llamándose Tacón.

Igual me gusta mucho que vaya acompañada de Federico García Lorca, pues la sala grande seguirá denominándose de esa manera. Efectivamente, estamos ante un acto de justicia poética, que borra todos los prejuicios y argumentación burocrática. Y es que no podemos hacer menos cuando una persona —como Alicia Alonso— le ha regalado tantos honores a este país y al mundo con su arte, y ha sido ella misma un símbolo de lo más alto de la cultura cubana y universal. Por ello me parece tan justo que en vida su nombre ilustre distinga a tan renombrado espacio teatral. Creo que existen hasta leyes que no lo permitían, pero en casos como estos las borra la vida. Porque la vida, al final, es la que dicta las leyes más justas. Alicia se lo merecía hacía tiempo. Para mí era una asignatura pendiente.

Siempre soñé que el GTH se llamara Alicia Alonso, de veras. No solo porque actuara mucho allí, sino también porque durante mucho tiempo lo dirigió cuando era un complejo cultural. Me siento muy feliz por esa sabia decisión del Consejo de Estado. Creo que es un ejemplo digno a seguir. Algún día algún otro gran teatro de Cuba llevará el nombre de Rita Montaner, o el de Benny Moré, o el de tantas figuras que le han dado prestigio a nuestro país, que han borrado las fronteras geográficas para entrar en otra frontera que no tiene fronteras: la eternidad. (Miguel Barnet, premio nacional de Literatura, presidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, Uneac)

Lectura de pensamientos

No pude evitar emocionarme cuando conocí la noticia. No pude retener las lágrimas. Tampoco quise. Estaba feliz. De hecho, la felicidad me durará por siempre al sentirme «sorprendida» pensando que el Consejo de Estado me había leído el pensamiento, el pensamiento de su compañía, el pensamiento de muchos. El Gran Teatro es Alicia Alonso. Lo fue desde que con su danza irrepetible se convirtió en un mito. Allí siguió haciendo historia, mientras su carrera fue creciendo a niveles inverosímiles, y nos fue entregando personajes que todavía danzan en nuestra memoria. Cierto que estamos hablando de un reconocimiento inmenso, pero estoy convencida de que ha sido aplaudido por el pueblo, por su pueblo, que siempre la ha querido, que la ha venerado. Tampoco olvidemos que el GTH fue nuestra casa, el lugar donde el mundo bailó de su mano, mientras admiraba lo colosal de su arte, como artista máxima y como maestra. (María Elena Llorente, premio nacional de Danza)

Ese teatro siempre será Alicia

Me satisface mucho que el Gran Teatro de La Habana lleve el nombre de Alicia Alonso. No únicamente por su enorme talento, no solo por ser una de nuestras grandes figuras de alcance mundial, o por la obra superlativa que representa la Escuela Cubana de Ballet, que fundó al lado de Fernando y Alberto, sino también por su amor y celo en la recuperación y conservación de ese teatro que constituye patrimonio de la cultura cubana. Y por su enorme humanidad. Ese teatro siempre será Alicia. (Eslinda Núñez, premio nacional de Cine)

Así también hacemos patria

Por fin no tuvimos que esperar a la muerte física, inevitable, para ser justos. Pocas veces ocurre que otorguemos tan altos honores a personas vivas, cuyas obras, a los ojos del mundo entero, consiguen superarlas a ellas mismas, porque se ha tornado, por grandes, por geniales, infinitas, eternas. Por eso aplaudo con entusiasmo la decisión del Consejo de Estado, que ha hecho justicia a ese gran mérito de Alicia Alonso, quien se halla entre aquellos que eligieron entregarlo todo por el bienestar de los demás.

Alicia, la figura del arte cubano de mayor trascendencia mundial. Alicia, admirada como estrella del American Ballet Theatre, pero sin olvidarse jamás de su Cuba. Alicia sin dejarse vencer. Ella triunfante cuando la tiranía le cerró su Ballet. Ella fundando una y otra vez. Ella proponiéndose llevar un arte considerado burgués y de élite a los rincones más impensados de la Isla, y haciéndolo un arte de pueblo.

Justo del pueblo surgieron esas figuras que teniéndola como paradigma también nos han llenado de orgullo. Pero Alicia ha sido la matriz, la tierra llena de nutrientes, la raíz, el árbol. Es extraordinariamente bueno que el Gran Teatro se nombre Alicia Alonso. Así también hacemos Revolución, así también hacemos Patria. (Frank Fernández, premio nacional de Música)

Mi ave nacional

Hace mucho tiempo que Alicia es mi musa. La he pintado tantas veces… Pero Alicia es mi musa no solo porque me sé su rostro de memoria o porque puede estimular mi creatividad hasta que me «obligue» a concebir cuadros como mi Alicia, ave nacional, sino, sobre todo, porque me inspiran su obra, su arte único, su ejemplo. Cada día me convenzo más de que la justicia que se hace bien engrandece la cultura. Cultura que ha tenido en la Alonso a uno de sus principales pilares, que se ha enriquecido con su pensamiento totalmente cubano y contemporáneo. Con ello es suficiente si tuviéramos que dar argumentos que apoyen esta genial disposición. ¿Qué mejor nombre podría tener el Gran Teatro de La Habana que el de «La Amiga»? —así le gusta llamarme: «El Amigo».

Me gustaba pensar en Picasso cuando me empezaba a rondar la idea de que parecía inevitable que algunas cosas  se agotaran, porque ese maestro lograba que no se le resistieran las cosas nuevas. Picasso, que nunca fue vencido por la edad ni el tiempo. Una virtud que descubrí definitivamente en Alicia, cuando a raíz de aquel

inolvidable Festival Internacional de Ballet, decidió sorprendernos con su Cuadros de una exposición, sobre la partitura de Modest Mussorgsky; una obra que dejó adivinar su pensamiento extremadamente joven y que nos enseñó su poder de saber jugar con la madurez. ¿Habrá alguien que pueda dudar de su grandeza? (Nelson Domínguez, premio nacional de Artes Plásticas)

Su nombre es nuestro nombre

Una decisión certera, inteligente, prudente, honorable… Honor a quien honor merece. Indiscutiblemente Alicia Alonso constituye un ícono de la danza y de la cultura toda, no solo de la cubana, sino también universal. En ella se resume el sueño de varias generaciones de cubanos. Yo sueño gracias a que existió Alicia, a que un día fundó el Ballet Nacional de Cuba después de que consiguió poner el mundo a sus pies, como mismo creó una escuela auténtica, bien criolla, pero reconocida en todas las latitudes, junto con Fernando y Alberto Alonso. Mas Alicia fue el gran fruto de esa unión, la bailarina por excelencia y, como si fuera poco, una de las artistas más internacionales que ha tenido la Isla. Ella, siempre fiel a sus principios, lo cual le ofrece todavía mucho valor como ser humano.

Sí, ha sido una decisión muy certera que el Gran Teatro de La Habana, como complejo en su totalidad, adopte el nombre de Alicia Alonso; un lugar que además dirigió en una etapa muy difícil de este país, como lo fue el período especial, y que, no obstante, mantuvo en pie contra viento y marea. Siento como si al Gran Teatro le hubieran puesto mi nombre, porque en el de Alicia estamos reflejados todos quienes de alguna forma  hacemos la danza, el arte y la cultura en Cuba. Su nombre también es nuestro nombre. (Lizt Alfonso, directora de la compañía Lizt Alfonso Dance Cuba, Embajadora de Buena Voluntad de la Unicef)

Hispanista revivido.