Es una especie nueva de masoquista iluso con síndrome de Estocolmo

“Después de años idealizando a Cuba, me di cuenta de que allí no puedo vivir”, Cibercuba.

Ha elegido llamarse Lidia. El nombre es falso, pero su historia es real. Para hacer esta entrevista sólo puso dos condiciones. “Oye, si ganas algo con esto, comparte. Y no pongas mi nombre, que me voy ya para La Habana”.

Lidia se fue de Cuba en 1998 en pleno periodo especial. Subió al avión en el aeropuerto José Martí y aterrizó en Madrid. Otro mundo. Sin apagones ni colas. La nostalgia hizo que olvidara cómo se vive en un barrio de la periferia habanera, donde las calles están rotas de toda la vida. Desde que ella tiene uso de razón. Pasó trece años en Europa, pero en 2011 la crisis económica que hundió España y dejó a más de cuatro millones de españoles sin trabajo, cambió su vida. “La crisis nos estaba golpeando y antes de que las cosas se pusieran feas, vendimos todo y nos fuimos para Cuba”. Otra vez en la casilla de salida.

¿Por qué decidió repatriarse?

Porque a pesar de llevar tantos años aquí (en España), no me gustaba la vida en España. Y como la crisis nos estaba golpeando, antes de que las cosas se pusieran feas económicamente, vendimos todo y nos fuimos para allá mi marido (español), mi hija (española) y yo. Era algo muy lindo para mí porque yo recordaba la Cuba que dejé, los valores y la honradez de nuestro tiempo, la sencillez y el desinterés por las cosas materiales que había cuando yo vivía allí.

¿Cómo convenció a su hija española y adolescente para vivir en Cuba?

A mi hija, de 14 años, le decía que allí todo le iba a ir muy bien, que con poco se vivía y a ella le gustaba Cuba por sus primas.

¿Le costó mucho tiempo tomar la decisión de regresar?

No me llevó ningún tiempo decidirme. En menos de dos meses nos fuimos. Desde que nos lo planteamos mi marido y yo porque a él le encantaba Cuba.

Usted ha regresado a España. ¿Sirvió de algo la aventura?

Como experiencia me sirvió para darme cuenta de que allí no quiero vivir, que allí no hay futuro para mi hija y que no puedo adaptarme a la estrechez de mente y manipulación descarada que hay. No puedo adaptarme a esa vida de consignas sin sentido y de irrealidad. Claro que me gusta ir, pero de vacaciones, a ver a mi familia y amigos solamente.

¿Tan mal le fue?

Los primeros meses fui muy feliz, la verdad, pero cuando pasó el tiempo y vi que mi hija no se adaptaba, empecé a sentirme mal, pero por ella, no por mí. No me arrepentí de haber vuelto a pesar de que se me hacía difícil adaptarme a la vida de allí. Pero ya mi hija no se sentía bien y además hubo problemas personales que fueron el detonante para regresar a España. Me decepcioné de muchas cosas.

¿Le mortificó la idea de tener que regresar después de tantos años, del qué dirán?

Para nada me mortificó volver a Cuba. Al contrario, me mortificó tener que regresar a España. Pero ahora me siento muy bien aquí.

¿Fue complicado el proceso para sacar el carnet de identidad, la libreta…?

No, el proceso para la libreta y el carnet fue rápido y sin complicaciones.

¿Cuánto aguantó en Cuba?

Allí estuvimos dos años y medio.

¿Siente que fue un fracaso venderlo todo, regresar y tener que volver a empezar en España?

Para nada sentí que fuera un fracaso volver a Cuba. Era más bien un anhelo, sólo que no fue como esperaba. Ya no me sentía parte de aquello. Me chocaban muchas cosas, pero estaba feliz. Hay que ser realista. Por otra parte me daba cuenta de que allí mi hija no tenía ningún futuro. Además a ella no le gustó vivir allí y mi marido se obstinó también de tantas trabas para todo. Así que en menos de un mes también dijimos pues a volver y aquí estamos, ya desde marzo de 2014.

Mi hija tenía 14 años cuando nos fuimos a Cuba. Ella lo recuerda con cariño. Se hizo de amigos allí y se divirtió mucho, pero el atraso en la tecnología y la falta de todo no le gustó. Por eso no quiere vivir allí, aunque sí ir y pasarse uno o dos meses. De hecho su mejor amiga es una muchachita cubana. Ella la adora.

¿Si volviera a venir una crisis en España, volvería a repatriarse?

No. A vivir a Cuba no vuelvo. A pasarme uno o dos meses de vacaciones sí.

¿Cambiaría algo de su historia?

No cambiaría nada de mi historia porque el haber vuelto a Cuba después de llevar trece años viviendo aquí, idealizándola, me hizo darme cuenta de que allá no puedo vivir con la manera de pensar que tengo ahora.

¿Cree que la gente que tiene ganas de volver y no lo hace por miedo debería hacerlo?

Yo creo que todo el que quiera volver, debería hacerlo y así sabrían qué es lo que de verdad quieren. Uno sueña con volver, pero a la Cuba que dejó y cuando llega todo ese sueño se desvanece y empiezas a decepcionarte poquito a poco de todo.

¿De qué se decepcionó?

Aquello es irracional. De la falta de derechos, de las reuniones absurdas y de tanta hipocresía. En mi edificio, la más chivatona es la más negociante. El jefe de sector era amigo suyo, aún sabiendo que vendia aceite. Eso me chocó, que la gente no pueda vender lo que le da la gana y vivir como le dé la gana. Ésa podía vender porque es chivatona, pero todos los demás, escondidos. Esa chivatona no sale de la persiana mirando todo lo que pasa en el barrio y como tiene teléfono llama a la policía cada vez que ella cree que ha visto algo raro. Además de chivata es mentirosa y compra todo lo que le lleven: ¡hasta carne de res!

¿Qué había cambiado tanto en Cuba en 13 años?

Allí las mujeres sólo quieren ‘papis’ con ‘fulas’ aunque las traten como putas. Hay muchos envidiosos.

¿Cómo fue empezar de cero en España?

Un poco jodido porque cuando volvimos, vinimos para otro lugar, pero una vez que ya encontramos trabajo todo se fue nivelando. Los padres de mi marido nos ayudaron un poco, hasta que salimos a flote de nuevo. En un año ya nos recuperamos. Estamos bien. Mejor que antes de irnos. Además ahora vivo en una gran ciudad, que me encanta. Estoy súper contenta. Mi hija también está muy contenta. Ahora sí puedo decir que me gusta España.

 

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