República imperfecta, pero república innegable

Nació el 20 de mayo de 1902. El castrismo comenzó a liquidarla desde 1959

Eugenio Yáñez, Miami

No puede haber sido tan inapropiada aquella república que el castrismo llama “pseudo república” o “neocolonial”, si el generalísimo Máximo Gómez la celebró junto a Tomás Estrada Palma, primer presidente cubano, electo por cubanos en elecciones libres (lo que nunca han hecho los hermanos Castro).

Lastrada con la Enmienda Platt, sí, por más de tres décadas. Pero es falaz asegurar que Estados Unidos nos robó la independencia. Los mambises combatieron heroicamente durante 30 años, pero en 1898 no tenían condiciones militares para derrotar a España.

La correlación de fuerzas no favorecía a los cubanos. Por eso los heroicos mambises, pensando más en Cuba que en intereses y glorias personales, pidieron a EEUU intervenir en la contienda, para evitar mayores calamidades a los cubanos.

La “reconcentración” impuesta por el Capitán General español Valeriano Weyler había provocado muertes, hambre, insalubridad, destrucción y miseria en toda la Isla. Daño emulado en Cuba en el siglo XX por Fidel Castro con su “período especial” para mantenerse en el poder, sin que hubiera guerra.

Contrariamente al alboroto castrista, a EEUU no le interesaba inmiscuirse en nuestra guerra. Entonces estaban coronando su frontera del Atlántico al Pacífico. La insistencia mambisa inclinó a los americanos, con el criterio que sería leit motiv desde entonces hasta hoy: que Cuba estuviera tranquila y no presentara riesgos (militares, económicos, sanitarios, poblacionales, delictivos, sociológicos) para la nación del norte.

De manera que Estados Unidos entró en la guerra y junto con los mambises destrozó las fuerzas militares españolas en Cuba. Cuatro años de la llamada Primera Intervención Americana (1898-1902) supusieron una contribución a la Cuba naciente que nunca sería realmente valorada en su verdadera magnitud. Aunque no fuera por otra cosa, el aporte a la sanidad pública y la desinfección del territorio nacional, y la creación de infraestructuras y condiciones imprescindibles para subsistir como país independiente, fueron contribuciones más que suficientes para agradecer a la gran nación americana, que “antiimperialistas” de pacotilla en todo el mundo se niegan a reconocer por rencores y envidias.

Lastrada, cargada de imperfecciones, caudillos y oportunistas, la república nacida en 1902, desnaturalizada con la Enmienda Platt, venía de una Constitución de 1901 que nunca el decadente castrismo podrá superar. Surgió un país dirigido por “generales y doctores”, que durante casi 30 años fue testigo de intentos reeleccionistas, politiquería y golpistas en ciernes, pero que logró llevar al país desde las desgracias dejadas por la criminal “reconcentración” hasta la prosperidad, limitada, parcial y no universal, es cierto, pero en una sociedad libre, democrática y orgullosa de su independencia.

Cuando un general obtuso empeñado en reelegirse provocó una sublevación que en 1933 lo sacó del poder, y un grupo de irresponsables estudiantes junto a un demagogo y cínico profesor universitario jugaron a la revolución deponiendo y nombrando presidentes, los cubanos supieron reconstruirse, mostraron sabiduría, valentía y civismo para dejar atrás posiciones irreconciliables y acometieron una asamblea constituyente que culminó en la llamada Constitución de 1940.

Tan importante como esa Constitución fue el proceso donde participaron, electos limpia y democráticamente, delegados a la asamblea constituyente provenientes de disímiles partidos y diversas posiciones políticas, que fueron capaces —aunque no resultó nada fácil— de discutir respetuosamente criterios y opiniones divergentes y encontrar consensos suficientes para entregar finalmente a los cubanos un documento que entonces resultaba uno de los más avanzados del continente. Proceso que puede resultar ejemplar para cualquier país del mundo civilizado

La república que volvió por sus cauces en 1940 continuó cargando con graves males, corrupción, gangsterismo, fraudes electorales, clientelismo, abusos, pero también durante doce años siguió siendo un país donde existía sociedad civil, se respetaban las instituciones y las libertades individuales, de propiedad y de empresa, y se celebraban periódicamente comicios para los cargos de elección popular, donde participaban todos los partidos que cumplieran los requisitos establecidos por la ley. Era, de nuevo, una república imperfecta, pero república al fin, no feudo particular de ninguna familia.

Hasta que en 1952 un innecesario golpe de Estado ejecutado por quien había sido anteriormente tanto golpista como presidente constitucional, complicó las cosas. Y aunque posteriormente el golpista intentó regresar el país a “la normalidad” y restableció libertades y derechos conculcados, ya se habían desatado los perros de la guerra en la Isla, y las cosas llevarían, tras guerrillas, levantamientos, sublevaciones, exilios, huelgas y luchas urbanas, hasta aquel victorioso primero de enero de 1959 donde casi todos los “revolucionarios” y sus simpatizantes tenían como primer objetivo el restablecimiento de la Constitución de 1940 y el ejercicio pleno de las libertades proclamadas en ella.

No por gusto Fidel Castro comenzó a desmantelar las instituciones republicanas desde el primer momento, despreciando las fechas patrias cubanas y sustituyéndolas por las de “su” revolución. Desde enero de 1959 comenzó a enterrar definitivamente la Constitución de 1940, sustituyéndola por monsergas jurídicas al servicio de la dictadura durante los siguientes 17 años, donde imperó la siniestra imposición de “elecciones, ¿para qué?”, hasta que se proclamó la llamada Constitución Socialista en 1976, copiada de modelos soviéticos, donde continuaron invisibles las libertades y derechos de los ciudadanos.

Desde 1959 hasta hoy, 57 años de represión, privaciones, miserias, familias divididas, economía en ruinas, infraestructura nacional destruida, insalubridad, desinformación, retraso tecnológico, exilio, historia falseada, grandezas nacionales ocultadas o ignoradas, educación cívica y urbanidad prácticamente desconocidas por la mayoría de la población, entre muchos otros males.

Además de haber actuado realmente como “república colonial” al servicio de los designios imperialistas de la Unión Soviética. Y permitir que se destruyera el país con el “período especial”, cuando ya había quedado absolutamente demostrado que el comunismo no era más que un mito sanguinario y cruel sin otro resultado posible que el más rotundo fracaso.

De manera que en los 57 años desde 1902 a 1959 tuvimos una república imperfecta, pero innegable. Y desde 1959 hasta hoy ni siquiera ha existido una república imperfecta, porque “la revolución” convirtió a Cuba en finca particular de los hermanos Castro.

Mil veces mejor aquella república imperfecta del 20 de mayo de 1902 que la del castrismo y su “perfeccionamiento”.

Hispanista revivido.