¡Responsabilidades por nuestro desastre! ¿A quién exigirlas?

Porque no fué este ni aquel Gobierno, este ni aquel hombre de Estado quien contrajo la responsabilidad de nuestro mal Gobierno en las Colonias, y de nuestro peor estado militar allá y en el suelo patrio.

Fueron todos los que á partir de la profecía del eminente Conde de Aranda disfrutaron del Poder. Fué nuestro pueblo inculto que ha ignorado hasta estos momentos (y en gran parte sigue ignorando) lo que eran las Colonias de América y Oceanía para nuestra Patria; y no formó opinión para obligar á los hombres de gobierno á prevenir los sucesos y conducir las cosas de modo que, al menos, se alejara el día de nuestra retirada de ambos imperios coloniales, y entonces llevándonos el amor de pueblos que nos debieran su constitución internacional é inmaculado el honor de la bandera.

Así, pues, la responsabilidad del desastre es de la Nación, más que de sus Gobiernos: los pueblos tienen el que se merecen; y nunca más justificada que en el proceso, la aplicación de la máxima.

Los Sres. Generales que en nuestras ex-colonias mandaron desde la constitución de la República Norteamericana, aconsejaron constantemente lo que era indispensable hacer ya en el orden político, ya en el militar; y no es, ciertamente, de ellos la responsabilidad de tanta imprevisión.

Las tropas de tierra y mar que en Cuba y Filipinas combatieron contra enemigo tan poderoso como el yankee, lejos de ser responsables del desastre, fueron el holocausto ofrecido en el altar de la Patria sin más esperanza que la de resistir para salvar el honor, como reconoció el Ministro de Estado Sr. Duque de Almodóvar.

José M. Gonzalez Benard, tratado de paris de 10 de diciembre de 1898, Valencia 1903.

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