RUBÉN CAÑIZARES GIL & FAURE CHOMÓN

París, 2 de noviembre de 2015.

Querida Ofelia:

Te envío el testimonio que me ha hecho llegar nuestro viejo amigo Miguel García desde Miami sobre los sucesos el Escambray, durante la lucha contra la dictadura de Batista y sus inmediatas consecuencias.

“Después de su fracaso en los planes de atacar el Palacio Presidencial y perder todas las armas que trajo de Miami gracias al dinero de Prío y además las 45 ametralladora que le dieron en República Dominicana, Faure Chomón salió del Escambray en febrero y regreso en julio. Cuatro meses después regresó derrotado y se puso a intrigar, lo que era su punto fuerte. Cuando él llegó a Dos Arroyos se le pegó a un individuo que se llamaba Rubén Cañizares Gil y que se convirtió en su sombra y al mismo tiempo en su guarda espalda. Se convirtió en el hombre de confianza de Faure.

Cañizares Gil, nació en Fomento, se mudó con su madre Paulina a Yagunal, un lugar remoto del Escambray. Ella quedó viuda y se casó con Pedro Gutiérrez, que era dueño de una pequeña bodega que existió en Yagunal. A Rubén le apodaban Cañizo. Asistió a la escuela primaria de Yagunal. Era un joven muy simpático, alto, trigueño, con aspecto de árabe y conocía un gran repertorio de cuentos y chistes.

Cuando Menoyo le asignó un guerrilla para que estuviera por las zonas de Yagunal, El Algarrobo y el Valle de Jibacoa, nombró a Rolando Cubela Secades como el jefe de esta guerrilla. Entre los que se fueron con Cubela estaban: Julio Castillo, Tony Santiago, Joaquín Milanés, Víctor Dreke, Tin Tin Argüelles, unos muchachos de Placetas apodados el Cuchillero y el flaco Miguel y otros que no recuerdo su nombres.

Cañizares Gil se unió a las fuerzas revolucionarias en mayo de 1958, más exactamente a la Guerrilla de Rolando Cubela. Faure Chomón llegó al Escambray a finales de julio. Faure era un hombre que nunca reía, y como Rubén fue la única persona que lo hizo reír, hicieron buena química, tan buena que no se separaban y era su hombre de confianza por lo cual lo mandaba a misiones que nada más que él conocía.

Un día regresaba Roger Redondo de la zona de Banao adonde fue a recoger los informes que traían del llano. Dejó algunos escondidos y llevó los otros para el Estado Mayor. Sus planes eran los de dormir en el campamento de Cubela, pero ya era un poco tarde y decidió quedarse en la bodega del pobladito de La Algarroba. Venía muy cansado por la larga caminata de varios días, y allí en La Algarroba estaría más cómodo y además podía conseguir algo para tomar y comer. Roger vio a Cañizo como siempre rodeado de un grupo donde él era el centro de atención por sus cuentos y alegría. Roger se mantuvo algo lejos, fue entonces cuando Cañizo se le acercó y le preguntó que para adónde él iba.

Roger le contestó que iría para Dos Arroyos al amanecer.

Cañizo le dijo — ¿Por qué no nos vamos ahora ?

Roger le respondió — No quiero caminar de noche.

Cañizo exclamó: — Yo conozco un atajo y podemos llegar antes de que anochezca.–

Roger no podía entender que atajo sería aquel que él no conocía, pero como Cañizo era mejor conocedor de aquella zona que él, por haber vivido mucho tiempo en ella, Roger aceptó ir más que nada por aprender un nuevo camino que por otra cosa, pues en verdad no tenía prisa en llegar a Dos Arroyo, ya que de allí seguiría para Nuevo Mundo al día siguiente.

Cañizo portaba una carabina italiana y Roger traía una escopeta recortada y a la cintura un revólver Magnun calibre 44. Cañizo y Roger empezaron a caminar delante unos metros en fila india, pero al poco rato de entrar por un bosque virgen, el trillo empezó a estrecharse. Roger se dio cuenta de que no era posible llegar de día al campamento pues cuando veía en algunos claros del bosque los picos de las lomas podía saber donde estaba. Aquello enfureció a Roger de muy mala manera y le gritó a Cañizo:

–Por qué diablos me embarcaste.

Cañizo se volteó y Roger vio que el color de sus ojos le habían transformado de tal forma que parecían los ojos de un tigre. A Roger la rabia se le volvió de golpe en un terror, lo que le provocó escalofríos.

Roger sacó como un rayo su revólver y le subió el gatillo hacia arriba listo para disparar más de miedo que de otra cosa. Le dijo a Cañizo:

–Con mucho cuidado y despacito coge tu carabina y ponla en ese árbol que está allí. Cañizo fue poniendo la carabina muy despacito pero mirando a Roger de tal manera que Roger estaba seguro de que era el diablo en persona. Entonces Roger le dijo a Cañizo:

–Nos quedamos aquí, cuelga la hamaca mía y la tuya. Apuntándole con el arma lo obligó a atar de forma que las dos sogas quedaban en un palo finito que si él se movía Roger lo sentía, pues los dos cabos quedaban juntos. Cañizo le dijo a Roger: ¡Qué desconfiado eres!

Roger le contestó: –sí soy muy desconfiado y si te mueves te mato como un perro–. Pronto llegó la oscuridad total, Roger tenía la carabina de él pero no tuvo el valor de acercarse a Cañizo para registrarlo por si tenía un arma corta.

Roger podía sentir los ronquidos de Cañizo durmiendo como un niño. A Roger se le quitó el cansancio que traía y estuvo en su hamaca sin quitarse las botas y con los ojos como focos de un carro, y con la seguridad que el diablo estaba allí con él.

Al amanecer Roger ya de pie despertó a Cañizares. Le quitó el peine de su carabina pues con el susto no se lo había quitado, y le dijo: -Andando. Ya Cañizo era el muchacho de siempre. El color de sus ojos que fue lo que más asustó a Roger eran normales, él sólo sonreía. Caminaron hacia el campamento. Cuando llegaron, Roger sentía vergüenza, y se alegró de que él no hiciera comentario alguno. Con los demás compañeros en Dos Arroyo durmió todo el día y estuvo hasta el día siguiente allí descansando. Él no hizo comentarios ni Roger tampoco pues pensó, que se había acobardo sólo porque le cambió el color de los ojos.

Cuando Roger salió de Dos Arroyos fue a Nuevo Mundo para terminar su misión. Regresó para investigar acerca de Cañizo a su zona. Roger pensaba que Cañizo quizás fuera un infiltrado mandado por el gobierno de Batista para asesinar a soldados rebeldes. Sólo tenía sospechas pero sin bases.

Lo que pudo investigar a cerca de Cañizo fue:

Que siendo alumno de la escuela de Yagunal emboscó a una compañerita de nombre Vitalia Duque hija de Benito Duque, de no más de 12 años de edad que venía a caballo, la tomó por una pierna y la tumbó de la bestia. Trató de violarla, pero como ella era una guajirita muy fuerte, peleó y se le pudo escapar. Le dio cuenta a su padre Benito Duque, padre de Evelio Duque. Como Benito Duque tenía malas pulgas, la familia de Cañizo se tuvo que mudar para Fomento.

También supo que una vez se hizo pasar por ciego en Santa Clara y que con un bastón y espejuelos negros pedía limosnas.

Además que tenía por costumbre asistir a todos los velorios aunque él no conociera a los doliente por lejos que fuera dentro de esa zona, para ser el centro de todos, con su repertorios de cuentos, y tomar chocolate y galletitas gratis.

Jesús Carrera era nativo de Trinidad, pero tenía en Fomento un laboratorio de análisis médicos, y además fue en esa ciudad el responsable del 26 de Julio. Él conocía a todo el mundo por ser el pueblo pequeño. Sin decirle la razón, Roger le preguntó qué sabía de Cañizo. Carrera, que siempre estaba callado y se pasaba horas sin hablar, comenzó a reír mucho pues le contó que en Fomento en una época todos los vecinos estaban alarmados porque en la orilla del pueblo estaba saliendo la llorona, y que una vez él se escondió por donde salía la llorona y vio a un tipo con una sábana blanca , y sorprendió a la llorona . Cuando le dio el alto y le quitó la sabana, era Cañizo, pero éste le pidió que no dijera nada.

Roger le preguntó a Cañizo qué le pasó con Carrera en Fomento. Cañizo le hizo la historia un poquito diferente, y le dijo que cuando él pasaba por entre una cerca de alambres, Carrera le puso la pistola en un costado y tuvo que decirle la verdad, que a él le gustaba meterle miedo a los guajiros.

Y así Roger terminó su investigación basada en el cambio del color de los ojos de Cañizo. Pensó que se acobardó y tuvo un pequeño complejo.

Al triunfo de la Revolución Roger se lo encontró varias veces en el edificio del INRA, donde Cañizo trabajaba. Un día nos enteramos por unos compañeros, que Cañizo estaba preso, y pensamos que era algún problema político. Joaquín Rodríguez que era el jefe de las prisiones de La Cabaña nos informó la razón por la cual Cañizo estaba preso y no era política como nosotros pensamos primero.

Fuimos y le preguntamos a nuestro amigo el capitán Joaquín Rodríguez y nos contó con lujo de detalles cómo y por qué. Dijo que Cañizo metió a un hombre en el maletero de un carro, y lo llevaba vivo desde La Habana para Fomento en Las Villas, pero que el hombre se zafó como pudo y comenzó a dar golpes dentro del carro y antes de llegar a Placetas donde estaba el entronque de la carretera para Fomento, Cañizo abrió el maletero al carro y con una roca le dio varios golpes en la cabeza al hombre. Cerró el maletero y cuando pasó por Placetas tenía que pasar un tramo por dentro del poblado y los parroquianos notaron que el carro estaba derramando sangre en abundancia, alertaron a unos milicianos de lo que vieron y éstos le dieron alcance en otro vehículo. Cuando vieron que era un capitán rebelde quien conducía el carro y se negaba abrir el maletero, tuvieron que llamar a los del Ejército Rebelde, los que llegaron en un grupo numeroso . Encontraron el cadáver, y como se trataba de un oficial del Ejército Rebelde intervino el G2 y en la investigación de la Seguridad del Estado. Se pudo determinar que Cañizo era un asesino en serie que desde que era menor de edad en la zona de Fomento, donde hubo una serie de asesinatos de hombres y mujeres sobre los que la revista Bohemia hizo un reportaje con el título de Los CRIMENES DE FOMENTO que no se habían podido resolver. Entre ellos el de una mujer que murió de un hachazo en la cabeza y que desde esos tiempos guardaba prisión un hombre inocente, que se declaró culpable del crimen porque la guardia rural lo torturó con una antorcha de soldar en los pies.

La revista Bohemia en su reportaje comentaba sobre un policía científico, de nombre doctor Israel Castellano, director del Gabinete Nacional de Identificación, G.N.I. Dicho oficial estuvo un mes en la Ciudad de Fomento sin poder resolver el caso de los asesinatos de Fomento.

Los vecinos recordaban que Rubén Cañizares (Cañizo) asistió a todos los velorios de sus víctimas para tomar chocolate, galletitas y hacer reír a los asistentes con sus cuentos y chistes.

Este Rubén Cañizares Gil (Cañizo) era el hombre de confianza de Faure Chomón Mediavilla y el que le hacía sus trabajos particulares ». Miguel García Delgado.

Y así fueron las cosas por aquellos lares de la Perla de las Antillas en los ya lejanísimos años cincuenta.

Un gran abrazo desde La Ciudad Luz,

Félix José Hernández.

Foto: Cuba, 1958. Faure Chomón y Ché Guevara.

Hispanista revivido.