Hacía una década que Madrid no era escenario de un triple homicidio

El pasado miércoles ese hombre “raro” y “extraño” entró en un bufete de la arteria principal del barrio de Usera de Madrid, donde viven muchos inmigrantes latinoamericanos y chinos, y preguntó por el dueño, por Víctor, un peruano que como profesional de la judicatura en su país llevó casos vinculados con el narcotráfico, entre otros.

Poco después, los servicios de emergencia sólo pudieron certificar la muerte dentro del piso de tres personas: un cliente ecuatoriano -Pepe C.V., nacido en 1973- y dos empleadas del bufete: las cubanas María O.R., de 46 años y conocida como Maritza, y Elisa C.G., de 33 años y con quien se había casado Víctor, al parecer por conveniencia. Ahora estaban separados.

Hasta aquí el escueto relato del trágico suceso. Y a partir de aquí, el inicio de una investigación de la Policía Nacional que no descarta nada, pero que seguramente se centre en la cartera de clientes de Víctor, en una sola persona como autora, en el pasado del dueño del bufete y en la exhaustiva inspección del escenario del crimen.
Levantamiento de los cadáveres del triple crimen de Usera, en Madrid. JAVIER CUESTAEL MUNDO

Y aunque no se descarte ningún móvil, sí parece que ha quedado apartado en un rincón de la investigación el de que fuera un sicario encomendado por alguien para vengarse de Víctor por algún asunto de su pasado en Perú, donde llegó a estar amenazado en una trama con todos los ingredientes: narcos, jueces, abogados y brujería.

Según algunos expertos en investigación de homicidios consultados por Efe, no parece que tenga mucho peso el móvil de un ajuste de cuentas con sicario, porque éste se hubiera cerciorado de cuándo, dónde y cómo podía ejecutar su encargo de forma rápida y “limpia”.

Las armas usadas, de oportunidad, tampoco concuerdan mucho con el “modus operandi” del sicario, dicen los expertos. Y el propio piso del bufete no hubiera sido el mejor escenario para un crimen de esas características. Un escenario que está siendo analizado por los investigadores para, entre otras cosas, saber a quién mató antes el autor (o autores).

¿Tenía el homicida totalmente planificado el triple crimen o se le fue de las manos? ¿Podría tratarse de un homicidio -en este caso tres- de los denominados coléricos o circunstanciales y no instrumental (pensado)?

A lo mejor, el autor pudo ser un cliente harto de esperar sus papeles (el bufete llevaba fundamentalmente asuntos de extranjería), que llegó alterado a la oficina, preguntó por el dueño y al no estar, se encolerizó aún más.

Es sólo una posibilidad, pero ¿y si se enfrentó a las empleadas, el cliente ecuatoriano salió en defensa de las mujeres y ambos se enzarzaron? ¿Pudo ser entonces cuando el autor cogió la palanqueta o la barra de hierro que había en la casa -un arma de oportunidad- y golpeó en la cabeza al ecuatoriano? ¿Fue éste el primero en morir?

Una pregunta que a lo mejor los investigadores ya se han respondido.

Si lo han hecho afirmativamente, el autor pudo matar después a los dos mujeres para eliminar testigos y lo hizo con un cuchillo u otra arma blanca. ¿La portaba cuando llegó al bufete? ¿La encontró allí?.

Responder también a esto es importante para el resultado de las pesquisas, ya que se vislumbra una diferencia importante entre encontrarla allí (es decir, ser un arma de oportunidad como la palanqueta) o llevarla antes de entrar a la casa. Este aspecto es clave a la hora de saber si los homicidios estaban planificados.

Pero hay otro elemento fundamental: el acelerante, al parecer gasolina, que el autor utilizó -seguramente para intentar borrar todas sus huellas- para provocar un incendio con la quema de papeles y libros. De hecho, los cadáveres estaban parcialmente quemados.

Y es una pieza fundamental porque parece menos probable -aunque no imposible- que la gasolina estuviera en el bufete.

También habrán investigado por qué Víctor salió corriendo hasta por dos veces cuando llegó al bufete en torno a las 18.15 horas en su moto, abrió el portal a unos clientes porque nadie respondía al telefonillo, subió con ellos y al ver el humo por debajo de la puerta, huyó. Luego volvió a subir, les abrió la puerta del despacho y salió de nuevo corriendo. ¿Se temía algo o fue por pánico?

La Policía sigue con sus pesquisas en una investigación que se antoja ardua.

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