Tomado de Progreso Semanal

La producción cubana de alimentos se estancó en el primer semestre de 2017, informó esta semana el Gobierno, y podría declinar este año debido a los daños ocasionados por el huracán Irma.

El sector agrícola no azucarero, que se ha estancado durante una década, sufrió también en junio una sequía severa y menos aportes del Estado, al que está atado financieramente.

La producción vegetales se redujo un 1,1 por ciento hasta junio, la etapa más productiva del año, según el informe publicado esta semana por la Oficina Nacional de Estadísticas (www.one.cu).

El reporte dijo que los granos también disminuyeron con la excepción del arroz, la producción de frutas mejoró con excepción de los cítricos, mientras la ganadería fue combinada y las producciones de leche y huevos decayeron.

El informe no proporcionó un porcentaje global para el sector.

Cuba importa entre el 60 y 70 por ciento de los alimentos que consume a un costo aproximado de 2.000 millones de dólares anuales, principalmente cereales y granos como arroz, maíz, soja y frijoles, así como otros artículos como leche en polvo y pollo.

El Gobierno cubano sostiene que importa el 80 por ciento de los alimentos que distribuye en la canasta básica mediante un sistema de racionamiento que cubre algunos ingredientes como el arroz, frijoles, azúcar, pollo y aceite para cocinar.

“No pienso que haya ningún crecimiento este año y tal vez ocurra un poco de declive”, dijo un experto local con conocimiento del sector, que solicitó no ser identificado.

El Estado posee el 80 por ciento de la tierra y arrienda la mayor parte a agricultores y cooperativas. El resto es propiedad de los agricultores familiares privados y sus cooperativas.

El presidente Raúl Castro incrementó la producción de alimentos después de asumir el cargo en 2008, al reemplazar a su hermano Fidel.

Castro comenzó el arrendamiento de tierras ociosas y descentralizó la toma de decisiones, introduciendo mecanismos de mercado en el sector agrícola.

Sin embargo, la mayor parte del esfuerzo se ha desvanecido y el Estado ha dado marcha atrás en las reformas de mercado asignando recursos nuevamente, estableciendo precios y controlando la mayoría de la distribución.

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