Es de lejos, la principal queja ciudadana, expresada durante las asambleas de rendición de cuentas recién concluídas en la provincia

 

  • La mala calidad del pan se debe al robo y a la vetustez de los molinos
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“Es como ladrillo molido”, muerde José González, administrador de la panadería de Caracusey. “Sabe a polvo de piedra o tierra”, tantea Yaulier Pérez, en la de Olivos II, un sabor que comparte desde Taguasco Lucila Martínez, en su carta a Escambray: “Es como pan de fango, sabe a tierra y no está ni para puercos”.

El rollo, dicen, comenzó por Fomento y de ahí se instaló en el número uno del ranking del actual proceso de reuniones de rendición de cuenta y de las agendas; se supo de panes grises, negruzcos, amarillentos, verdes. La mezcla salpicó al Consejo de Distribución Nacional por el vicepresidente del Consejo de la Administración Provincial Rolando Roque Companioni: “Dondequiera que me pare digo que esta harina no se la puede comer el pueblo”.

Las primeras lanzas apuntaron al sur. “No siempre son las mejores harinas, tienen la granulometría y gluten altos si son del Molino II, de Cienfuegos —amasó Eduardo Moreno, subdirector técnico de la Empresa Provincial de la Industria Alimentaria, en el espacio televisivo Con voz propia— y casi el 80 por ciento es de ahí”.

¿Está obligada la Alimentaria a recibir la mercancía a pesar de que “no hay otro proveedor”? Respondo con la percepción de Ricardo García, director estatal de Comercio: “La alimentaria tiene que ser agresiva con las demandas”. Así lo asume Tamara Chau, directora de la Cadena Cubana del Pan: “A inicios de año recibimos una harina débil, fuimos al molino y cambiamos la proporción”.

El emplazamiento cruzó las fronteras. “La Alimentaria tiene que ser más agresiva, no permitir que le den el 80 por ciento de la harina del Molino II y el 20 del Molino I, que es mejor, fue así porque lo permitieron”, asevera Isbel Radamés Vanegas, director de la Unidad Empresarial de Base Cereales, de Cienfuegos, quien replicó en el espacio Como lo oyes, de Radio Sancti Spíritus, en una componenda multimedial para descubrir la “mina” de la arena: “Probé el pan y no estoy claro de que los residuos de materias extrañas sean de mi harina”.

Mientras, Cienfuegos envió a Sancti Spíritus más harina del Molino I hasta subir la parada en mayo, con 10 33 toneladas, para voltear la dosificación. Mas, la arena siguió pegada al paladar porque esta nueva harina fue a parar a la reserva, tal como está establecido, según directivos de la Alimentaria Provincial.

El miércoles último la unidad La Ideal, del Camino de las Cañas, trató de ser “zona de paz”. Sin activar el primer instrumento, una prueba más lógica que científica hizo el descubrimiento. Al colar la harina con una malla, salió a flote el misterio que ha mantenido en ascuas a miles de espirituanos: la semolina tostada, una partícula del trigo. A esa altura el Centro Nacional de Inspección de la Calidad (Cenica) probó la harina con lupas científicas y confirmó lo mismo que su homólogo cienfueguero: sémola fina. “Nos dimos cuenta hoy. El problema es que el Molino II no puede triturar bien por su obsolescencia tecnológica”, dice Isbel y remarca su decisión de mejorar los envíos: 70 por ciento del Molino I y 30 del II.

A pesar de sus valores nutritivos y de su consumo mundial, hasta el propio Juan José, máster en Molinería del Instituto de la Industria Alimentaria, lo advirtió: “El pan tiene un sabor sabroso, lo que tiene es la molestia como si tuviera ajonjolí, es verdad que la arenilla está”, e hizo recomendaciones.

Dos “observadores nacionales” llegados aquí por la reunión nacional de la harina, enfriaron los hornos al advertir la Empresa Alimentaria: “De aquí a 17 días debe haber un pan mejor, cuando comience a rotar la harina buena guardada en almacén”.

“Tratamos de sacar lo mejor que se puede de un molino muy viejo con problemas tecnológicos —explica Sandra Hampe, directora técnico productiva de La Empresa Cubana de Molinería—, pero que garantiza el balance desde Matanzas a Holguín; realmente la solución es incrementar para Sancti Spíritus más harina del Molino I que del II para que mezcle”. La variante la comparte Rolando Benítez, especialista principal de esa entidad, quien propuso recoger las 150 toneladas de la harina “con arena” y darles otro destino.

A punto de cerrar agendas, se impuso la pregunta, sobre todo porque 24 horas después del acuerdo se presentó el primer patinazo, cuando no llegó el camión a Fomento y la Alimentaria dio marcha atrás: “En 10 o 12 días tendremos harina buena”. ¿Comeremos mejor pan en lo adelante? No voy a secundar el entusiasmo de Franklin Guerra, director de la Alimentaria en el municipio espirituano: “Hay que aclarar que no es un problema del panadero, sino de materia prima, no he botado a ninguno y se mejoró el pan”. Ricardo tampoco lo hace: “No pensemos que mañana vamos a tener toda la harina de buena calidad, hay que controlar más los recursos, se ha separado a 300 trabajadores del sector y no se ha resuelto, a veces está el panadero solo haciendo el pan”. Y Héctor Díaz, jefe de Producción de la entidad, lo imita: “Yo sí no puedo decir que no me roban porque los he cogido”.

Sin llegar al efecto extremo de la arena, el pan hace rato en Sancti Spíritus no tiene 15. De una panadería a otra en un mismo territorio se comen panes diferentes. Se incumplen normas tecnológicas, como no darle el tiempo a la masa o añadir un 5 por ciento o más de harina integral (como un gofio que ensucia el pan, según los panaderos), en lugar del 3 estipulado, como se hizo hasta hace unos 15 días atrás, según Deysi Quintero, administradora de Olivos I, o cuando falta el aceite por más de una semana, como admite Pablo Hernández, almacenero de La Modelo, en Kilo-12.

Y está lo otro: el robo. No absolutizo. Sé de panaderos honestos y consagrados, pero hace falta Sherlock Holmes para saber de dónde sale parte del aceite o la harina que se venden a contrabando y que sostienen muchas producciones por cuenta propia.

Roque Companioni lo advierte: “Hay voluntad de la dirección del Molino y de la Alimentaria de ir paliando el problema; al margen de las dificultades de la empresa con el control y fiscalización de sus panaderos, tiene que mejorar la comunicación entre las partes y los clientes, exigir calidad”.

Ya que no se le puede pedir más a un producto elaborado con el 52 por ciento de agua, problemas con el núcleo, mala levadura, ya que hay que comérselo rápido en el día y no guardarlo, so pena de que amanezca verdoso, hará falta escuchar al maestro Juan José: “Se puede lograr un pan mejorado, haciéndole tecnológicamente lo que lleva. Falta capacitación y en el país entero se necesita esta cultura tecnológica, revolucionar más el alma del panadero”.

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