Por: Ramón Muñoz Yanes

Este artículo es algo extenso, por lo que lo fragmento en tres entregas. No lo escribo para todos sino para aquellos que como yo les ha tocado vivir una parte importante de su vida dentro del régimen más abyecto e inmoral que se puede apoderar de un país, con la consecuente pérdida de todos los valores de una república, el comunismo.
Los cubanos que hoy cumplen la tercera o cuarta década de la vida, no pueden hacerse una idea real de la espantosa barbarie vivida en Cuba durante la primera década, tras la llegada al poder de las huestes lideradas por Fidel Castro. La isla hedía a sangre, ninguna provincia del país escapó a una oleada de ejecuciones. Mi madre, una joven campesina por entonces, me contaba años más tarde en nuestra casa de la capital, sus vivencias de un juicio celebrado a un joven de su pueblo natal, Sagua la Chica. El juicio fue público y en horas de la mañana llegó al batey una caravana de tres automóviles. Del primer auto descendieron los jueces, todos militares armados, del segundo el preso y los custodios, el tercer automóvil era el carro fúnebre, con el féretro preparado para la ejecución al término del breve juicio. La intención a todas luces era sembrar el terror, el juicio una farsa innecesaria, estaban juzgando literalmente a un hombre ya condenado a muerte.
Lo más brutal de este caso, es que era un joven del pueblo conocido por su retraso mental. Resulta que por esas fechas los que luchaban contra el gobierno comunista, intentaban dañar el primer renglón de la economía nacional por entonces y daban fuego a los cañaverales, estrategia usada años antes por las huestes mambisas en la guerra contra la metrópoli española. Este joven, vecino del pueblo, una noche junto a su casa a manera de travesura infantil, cogió un gato y le ató una soga al rabo en cuyo extremo ardía una mota de tela y lo soltó. El animal, en vez de correr hacia el río próximo lo hizo en sentido contrario, desafortunadamente hacia un cañaveral y fue visto por un miliciano del pueblo, que le denunció.
Tras el breve juicio y la condena a muerte por fusilamiento, el revuelo y la ira de los pobladores fue tal, que tuvieron que llevarse al condenado, mientras el convoy era seguido por güajiros a caballo, con los machetes en ristre, familiares del joven. Mi madre me contaba que una tempestad eléctrica se apoderó del mediodía y que el convoy se perdió de vista. En un lugar distante unos kilómetros conocido como La Pedrera, descendieron al reo y bajo la tormenta lo ejecutaron a mansalva.
Si alguno de mis lectores, originarios de la zona puede argumentar algún dato conocido de este hecho ignominioso, espero que colabore, le estaré agradecido.
Este era el modus operandi de las huestes revolucionarias, durante estos primeros años. El terror como política de estado. Durante estos primeros años sesenta e incluso, inicios de los setenta, miles de cubanos fueron masacrados, torturados, chantajeados y condenados a largas condenas de prisión, mientras el gobierno llegado al poder de manera inconstitucional, ya amasaba su curriculum de invasiones encubiertas a otros países como Venezuela, Bolivia y Argelia, entre otros. Por estas fechas, un nombre cobraba relevancia en el enfrentamiento directo a las operaciones de difusión de guerrillas en el continente latinoamericano, por parte del gobierno cubano, Luis Posada Carriles.
Fidel Castro preparaba su jugada magistral, el asalto y violación de la Constitución Cubana que le mantendría en el poder de por vida, a despecho de cualquier demanda democrática. Se abonaba el terreno para encadenar la libertad de Cuba.

Posada Carriles y mis demonios o la intención de sembrar justicia entre los odios. (II)

El nombre de Luis Posada Carriles inunda los telediarios habaneros en 1976 y llega a nuestros oídos en el mes de octubr,e tras la caída al mar a causa de un artefacto explosivo del vuelo 455 de Cubana de Aviación. Fidel Castro acusa públicamente a Posada Carriles de ser el organizador principal del salvaje atentado, finalizando su discurso con una frase rimbombante y teatral muy propia de su personalidad egolatra: Cuando un pueblo enérgico y viril llora, la injusticia tiembla.
El pueblo cubano no sabía en 1976, que tropas cubanas habían invadido en 1967 al país hermano de Venezuela por Machurucutu, con una guerrilla que fue aniquilada en pocos días y que trajo como consecuencia la ruptura de relaciones con el país vecino. Tampoco sabían los cubanos por entonces, que tropas cubanas habían participado en la Guerra de las Arenas en Argel en 1963, ni en el Congo en 1964 y 1965, ni en Siria en 1973- 1974. El descalabro de Bolivia, saca a la luz otra invasión por la difusión internacional tras la ejecución por parte del Ejército Boliviano, de Ernesto Guevara, quien tenía por costumbre y hobby de elección, mirar el mapamundi y decidir a cual país dedicar una guerra. El pueblo cubano desconocía que su racionamiento y miseria, eran el resultado de las incipientes aventuras de Fidel Castro, al servicio de la URSS. Pero si tenía que conocer a Posada Carriles y Fidel Castro se los contaba en la llamada Plaza de la Revolución.
El pueblo cubano, desinformado como de costumbre, tampoco percibió que en 1976 había sido testigo del mayor ultraje de la historia nacional, al redactarse la falsa Constitución de la República y cercenar cualquier intento de proyecto democrático, al declarar al Partido Comunista como representante vitalicio de las aspiraciones del pueblo, además de lanzar este panfleto a niveles de Records Guinness, pues es la única constitución del mundo que lleva el nombre de un mandatario: Fidel Castro. La libertad de Cuba había sido ejecutada de manera oficial y Fidel Castro se entronizaba en el poder de por vida.
¿Por qué Luis Posada Carriles? Este cubano, gozaba por entonces de un historial realmente profuso de actividades anticomunistas y había demostrado un valor temerario al escapar de las manos de oficiales cubanos al entrar clandestinamente a Cuba. Participó activamente en la desarticulación de planes de infiltración cubanos en América Latina, pero el punto de inflexión de su larga trayectoria afectaba a Fidel Castro en persona, que le tenía un terror desmedido, pues preparó el atentado fallido en Chile, que se abortó por el temor de los dos ejecutores, pero que demostró que era vulnerable, a pesar de los tres anillos de seguridad con el que el sátrapa cubano se acompañaba hasta para la evacuación de emuntorios. Nunca Fidel Castro tuvo la muerte más próxima y eso no podía perdonarlo.
Los análisis de los restos del CU 455 se acompañaron del secretismo habitual por parte de Cuba, pero sobre todo de una campaña propagandística a escala mundial promoviendo que transportaba deportistas, obviando que entre otros, en el mismo vuelo viajaba un nutrido grupo de agentes de inteligencia y uno muy especial, miembro del Grupo Número Uno del Comandante en Jefe, que según escribe Carlos Vives, se dedicaba a auto agresiones a buques pesqueros cubanos y algunos poblados, que no sólo mantenían distraída a la prensa mundial, sino que justificaba a plenitud la actividad represiva en la isla. Este grupo poco conocido, fue comentado por Amado Padrón Trujillo, fusilado junto al general Ochoa en 1989, junto a otros oficiales del MININT. El secretismo estatal cubano es harto conocido, como se pudo comprobar en la explosión en pleno vuelo en las proximidades de San José de Las Lajas del vuelo Cu-Y899 con destino a Managua, Nicaragua el 19 de enero de 1985. Personalmente conocí un campesino del lugar que me aseguraba que el avión había estallado en pleno vuelo, dispersando restos en un radio de varios kilómetros y que en su finca habían caído varias armas, que además durante varios días toda el área había sido controlada por un férreo cerco del ejército recogiendo todos los restos. La conclusión del gobierno fue escueta e ilógica, fallo e incendio de uno de los motores.
El año de 1976 fue trágico para Cuba en todo sentido, un año más de la tragedia cubana, un pueblo desinformado, con una profunda crisis económica, carencias y racionamiento in extremis, pero sobre todo con una constitución que lo condenaba para el resto de la eternidad a sufrir el comunismo.
¿Luis Posada Carriles?

Posada Carriles y mis demonios o la intención de sembrar justicia entre los odios. (III y final)

¿Luis Posada Carriles?
La mayor parte de mi generación teme decir su nombre. Crecidos en un país, dónde pensar era un lujo de las élites y cuestionar era un acto de franca contrarrevolución, el hombre nuevo no estaba concebido para pensar, debía ser una máquina de matar, según palabras textuales del que se entregó vivo en la Quebrada del Yuro, tras al más puro estilo capitalista, pretender convertirse en un valor bursátil: ¡No me maten, yo valgo más vivo que muerto!
Aún hoy día muchos compatriotas en el exilio evitan mencionarlo y lo entiendo, a mi generación les fusilaron las conciencias. El terror como política de estado alcanzó niveles tales, que el acto vil de la delación era motivo de celebridad, meritorio y el miedo se instaló, destruyendo incluso la célula básica de la sociedad, la familia. En mi opinión el mayor mérito estratégico de Fidel Castro, fue la destrucción de los valores de la familia cubana.
Por esos avatares del destino, compartí casi diez años de mi vida con una víctima del CU 455 de Barbados, su padre, piloto de Cubana de Aviación iba en el vuelo siniestrado. Durante los dos lustros de nuestra relación, jamás me permitió celebrarle un cumpleaños, pues su natalicio era en octubre, el mismo mes del atentado. Era una de esas mujeres capaz de sacarte una sonrisa inesperada, pero llevaba un dolor clavado al alma, que no soy capaz de narrar, le cercenaron la infancia aquel fatídico 6 de octubre de 1976. Llevaba siempre en la cartera una foto del padre, desteñida y arrugada pero la llevaba con ella siempre.
Los que me conocen saben mis principios y no ahondaré en este tema, pero comprenderán que durante muchos años, estimulado por la propaganda oficial y mi cercanía afectiva con una de las víctimas, debo confesar, que en más de una ocasión estaba en franco convencimiento que si alguna vez en mi vida, tenía a Posada Carriles delante, le dispararía a la menor oportunidad.
Escribo con el alma y perdonen mi honestidad. Un hombre necesita información, pensar, analizar y forjarse una perspectiva real de los hechos y lo hice. Antes de mi salida de Cuba, varios años antes comprendí que mi país solo tenía un enemigo acérrimo, un hombre que odiaba a su pueblo, un ente lleno de complejos, un asesino sin parangón en el hemisferio occidental y sobre todo, un mentiroso consuetudinario, Fidel Castro. La genética es matemática biológica y el hijo de un voluntario español, no podía sentir otra cosa ante la prosperidad y la elegancia genuina del cubano, que un odio ancestral ante nuestros valores patrios y nuestra cultura.
Como ejemplo, pondré un único detalle y hay miles. El día del conocido Maleconazo, estaba en mi hospital, el Hermanos Ameijeiras. El Cuerpo de Guardia fue tomado por las Tropas Especiales del MININT y no se nos permitió el acceso al mismo. Mi laboratorio de Reproducción Asistida estaba en un local próximo a Urgencias y no me permitieron pasar, por lo que comencé a increpar a un soldado que me impedía el paso. Un enfermero me abrazó y me apartó del lugar a empujones. Me explicó que no insistiera, que tenían heridos de bala de los disturbios en la ciudad y que por eso no dejaban pasar a nadie. Fuera del hospital se escuchaban disparos frecuentes y nada más alcanzar la calle Belascoaín, las detonaciones eran constantes. La ciudad estaba en guerra. Esa misma noche Fidel Castro hizo una alocución pública televisa, afirmando que la ciudad se había controlado sin disparar un solo tiro. Jamás he presenciado acto tan inmoral como aquel, pero que otra cosa esperar de quien había fusilado a diestro y siniestro, quien tomaba vinos en su cena de setecientos dólares la botella mientras el pueblo se moría de hambre. El Asno de Birán era consecuente con su abyecta y enrevesada genética, a veces un escupitajo toma forma humana.
Tras mi salida de Cuba, mi propósito fue educarme en democracia, reconocer la importancia de la justicia, la independencia y el respeto a las leyes, la libertad de pensamiento, pero sobre todo, me convertí en un lector ávido de todas las fuentes existentes y un día grité de saberme, un ser pensante.
Si dos tribunales legales, totalmente independientes habían absuelto a Posada Carriles del atentado de Barbados, ¿quién era yo para juzgarle? Lo único que dudo es que obtenga la absolución Fidel Castro, el día que sea juzgado por todos sus crímenes tan infames.
Señor Luis Posada Carriles, yo le absuelvo. En paz descanse, cubano. Usted combatió a la bestia, mis respetos.
R.Muñoz.

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