Los Rabanillo se transmiten de generación en generación los cargos de las asociaciones castellano-leonesas de Cuba. Si bien es cierto que gracias a las gestiones de la señora Rabanillo más de 800 españoles de Cuba originarios o descendientes de esa región española han podido  mejorar sus condiciones de vida, también es cierto que los cargos no se renuevan desde hace más de medio siglo y que esa ‘familia’ no defiende los intereses de los españoles de Cuba.

Ninguno de ello ha aprovechado la actual coyuntura política para pedir el reintegro de las propiedades expropiadas en 1959. Pero lo peor no es eso.  ¿Acaso hemos visto a la señora Rabanillo exigiendo a las autoridades consulares españolas que se termine con el relajo en la Lonja del Comercio? No. ¿La hemos visto organizando a sus asociados para que puedan votar durante las elecciones generales? Tampoco.

¿Acaso el flamante medallista de oro ha  pedido que los partidos políticos peninsulares que instalen representaciones en la isla? No. ¿Ha pensado este servidor de la dictadura en los jóvenes, pidiendo en el Pleno de la Ciudadanía española en el exterior que las empresas españolas que operan en la isla los contraten o capaciten? No, no y mil veces no. La medalla que ha recibido el señor Rabanillo, no premia su labor, sino que legitimiza a la dictadura cubana. Los Rabanillos no representan a los Castellano Leoneses de Cuba, son una emanación de un sistema que ha llevado a la isla del Caribe a la pobreza y al rídiculo.

Un ridículo vergonzoso que empaña la encomiable labor de la Junta hacia sus emigrantes en el mundo. Sus autoridades deberían prestar un poco más de atención a lo que hace con el dinero de todos los españoles.

La medalla

Las Cortes han entregado la Medalla de Oro, la más alta distinción del Parlamento autonómico con la que se quiere reconocer, honrar y agradecer a quienes han contribuido de manera sobresaliente a enaltecer la Comunidad, a los emigrantes castellanos y leoneses, y, de modo particular, a los que lo son o lo han sido en los países de América, por encarnarse en estos, con la mayor intensidad, las dificultades que envuelven a la emigración.
Durante su intervención, Silvia Clemente ha recordado que entre 1880 y 1960 Castilla y León fue una de las principales comunidades de las que partieron sus habitantes hacía otros lugares del país y del mundo, principalmente hacia América. De hecho, casi dos terceras partes de los castellanos y leoneses tuvieron como destino Argentina, Cuba, México, Brasil, Venezuela, Uruguay y Chile. Por ello, el Parlamento regional ha querido “reconocer, honrar y agradecer” a quienes “han contribuido de manera sobresaliente” a enaltecer esta Comunidad, como es el caso de los emigrantes castellanos y leoneses “que se marcharon de Castilla y León pero mantuvieron siempre sus lazos de unión” con esta tierra.

La Medalla se ha entregado a Pedro Bello Díaz, Sergio Rabanillo Dámera y Pedro José Díez y Díez –en este caso, recogida por una familiar– como representantes de las comunidades de emigrantes en Argentina, Cuba y México.

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