Cree uno soñar leyendo estas barbaridades, pero esto es Cuba en 2017 queridos amiguitos.

Por Jesús Alvarez López

Miren si la decisión del Consejo de Defensa de Villa Clara de topar los precios de los productos agropecuarios es positiva que ha recibido el aplauso unánime en calles, talleres, escuelas y hasta en las redes sociales. Todavía son precios caros, lo que se podía hacer en este momento, pero al menos ahora somos los clientes los que podemos decir, “si no quieres o no te conviene el precio no vendas pero no puedes violar la ley, esto no es a oferta y demanda”. Y aunque algunos vendedores se han volatilizado como si pensaran que será una fiebre pasajera, en sentido general hay respeto a la popular medida, que lejos de ser temporal, cuando sean superados los daños del huracán, los precios máximos que se aprueben deberán ser inferiores porque nada justificaría que un aguacate pueda ser vendido de nuevo en 20 pesos. Esta debe ser la prueba piloto para topar definitivamente los precios al menos de los principales alimentos que es un viejo reclamo popular.
Estamos hablando de un problema estratégico y de carácter nacional que a mi entender no debiera dejarse a la libre decisión de cada provincia. Esa es una de las causas de que se haya acumulado tanto desorden en la comercialización de productos agropecuarios en el país a partir de la creencia de algunos que con Trigales, mercados de oferta y demanda y carretilleros alimentarían al pueblo.


Como dice un amigo, los “filósofos” de los precios “a oferta y demanda” han hecho más daño a la agricultura que los propios ciclones. En materia de precios jamás existirá unanimidad, mientras al vendedor le parecerán baratos, el comprador los verá caros. Pero creo que los establecidos son precios razonables o tolerables en sentido general, después del peor huracán de la historia. Claro que ese guaguí a 8 pesos la libra es un abuso, pero ya iba por 11 pesos. Cuando todo vuelva a la normalidad no deberá venderse a mi juicio a más de cinco pesos la libra. Y es preciso exigir que todo comercializador, lo que es válido para cualquier tipo de mercancía, exponga en público el precio de venta de cada mercancía que oferta. Por cierto, algunos dicen, lo que tenemos es que vender aguacates por el estado. Yo creo que el estado está para decidir que en Cuba nadie puede vender un aguacate a más de 10 pesos, de la punta de Maisí al cabo San Antonio, y al que lo viole, que jamás olvide el rigor de la medida aplicada. Ha sido demasiado noble el estado socialista cubano topándose a si mismo y dejando las manos libres a los particulares sin control de precios y creo que llegó la hora de rectificar el error definitivamente. Su misión no es competir con los privados sino organizar los procesos, establecer las regulaciones pertinentes y fiscalizar lo legislado en beneficio del pueblo.

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