París, 3 de septiembre de 2015.

Querida Ofelia:

Este testimonio fue narrado por Eloy Gutiérrez Menoyo al ex guerrillero Miguel García Delgado. Es un aporte para comprender mejor lo que ocurrió en el Segundo Frente del Escambray, durante la lucha contra el régimen de Fulgencio Batista en los años cincuenta del siglo XX.

“Sólo efectuando contacto directo al más alto nivel y sin intermediarios, podríamos llegar a esclarecer cualquier mal entendimiento. Así es que seleccionaríamos una pequeña guerrilla comandada por una representación de alto nivel, con la correspondiente carta de presentación que entregarían en mi nombre, personalmente a Fidel Castro en la Sierra Maestra.

Ahora, sólo restaba iniciar los preparativos y sobre todo seleccionar bien el práctico que los habría de acompañar, el cual debería contar con un perfecto conocimiento del terreno que habrían de recorrer y en el cual sin dudas habría que sortear infinidad de obstáculos. Un pequeño grupo, podría desplazarse en pleno día con gran movilidad, sobre todo teniendo en cuenta lo llano del terreno, al transitar por la provincia de Camaguey. Consulté con Omelio Cancio, uno de nuestros prácticos de suma confianza, y tan pronto le expuse el proyecto, me aseguró que era factible su realización y me manifestó su disposición, a guiar personalmente el grupo si yo lo designaba, lo cual aprobé de inmediato sin vacilación.

El comandante Anastasio Cárdenas, sería el portavoz de la carta y como ya es sabido, procedía de las filas del 26 de Julio y junto conmigo uno de los fundadores del Segundo Frente. Este, tan pronto supo del plan, se mostró entusiasmado y de inmediato aceptó que se le incluyera en dicha misión. Yayo Machín y dos campesinos más, cuyos nombres no recuerdo, pero sí su fortaleza y su resistencia para las largas caminatas, fueron incluidos en el grupo y se sentían felices y contentos de haber sido seleccionados, lo cual representaba para ellos un alto honor. Por último, hablé con el comandante Víctor Bordón.

Le expuse detalladamente los planes y le comuniqué que él, comandaría el grupo. Bordón, dio su aprobación a tan importante misión, en la que podríamos rendir un informe de primera mano acerca del avance de nuestros frentes y territorios liberados, posibilidades operativas para el futuro y relaciones que podríamos establecer entre ambos frentes y un sinnúmeros de tópicos para los cuales Anastasio Cárdenas, había sido preparado en ese aspecto y en eso llevaría la voz cantante. Bordón, se mostró complacido y agradeció la confianza que en él, se depositaba. Todos los seleccionados, en menor o mayor escala, pertenecían o habían pertenecido al Movimiento 26 de Julio.

Bordón y Machín, portaban el brazalete de dicha organización. La partida no se hizo esperar, transcurridas algunas semanas, cuando de acuerdo a mis cálculos ya yo los hacía en la Sierra Maestra, el sorpresivo anuncio de un mensajero, asegurándome que había regresado Anastasio Cárdenas, con el pequeño grupo, pero sin Víctor Bordón, me llenó de inquietud y un sólo pensamiento acudió a mi mente: “Lo habrán matado en alguna emboscada, que les tendió el Ejército y… ¿Cuál es la causa por la que regresa el grupo?” Fueron momentos de verdadera incertidumbre, hasta que al fin, tras abrazarlos a todos, pude sentarme con Anastasio, para escuchar su informe.

Las jornadas habían sido agotadoras y múltiples los obstáculos en el cruce de los ríos, pero afortunadamente todas las etapas se habían cubierto perfectamente bien. Lo cual les permitió abastecerse adecuadamente, ponderando la solidaridad y orientación de toda la buena gente, con la que toparon en el camino.

Así, etapa tras etapa, dejaron detrás el territorio villareño y cuando tenían ganadas las tres cuartas partes de la provincia camagüeyana, surgió lo impredecible, tras acampar en una finca que según Bordón, eran gente de confianza, perteneciendo su dueño al Movimiento 26 de Julio.

Pues bien y en esto no estoy claro, pues no recuerdo el dato, pero cabe la posibilidad de que Víctor, se enterara allí, que desde la Sierra Maestra se anunciaba la preparación de dos columnas, una con destino a la zona oriental y la otra, a la zona occidental de Pinar del Río. Si fuera así y eso sólo lo podría aclarar el propio Víctor, bien pudo ser quizás la motivación que lo llevó a establecer contacto, con la persona que lo vino a ver. Se trataba según Víctor, del coordinador en Camagüey, del Movimiento 26 de Julio.

Pero Víctor, mentía con tal facilidad, que la persona presentada lo mismo podía ser Perico de los Palotes, que cualquier otro personaje del Partido Socialista Popular. Pero bueno, lo importante es que después de hablar a solas con dicha persona Bordón, le confirmó a Anastasio y al resto de sus compañeros, que en efecto, que desde la Sierra Maestra estaban próximas a partir, dos columnas una al mando del comandante Ché Guevara y la otra al mando del comandante Camilo Cienfuegos, con destino a Las Villas y a Pinar del Río, respectivamente. Igualmente Víctor Bordón, les hizo saber su propósito de continuar en solitario, el viaje a la Sierra Maestra y dice que el dueño de una arrocera tiene una avioneta de dos plazas y se brinda para llevarlo.

Esto no amerita comentario, pero es algo así como la canción de la cucaracha ya no quiere caminar, pero como decimos, la tapa al pomo se la pone cuando ordena a Anastasio, que regrese con la pequeña guerrilla al Escambray, para informar a Gutiérrez Menoyo.

Yo escuchaba aquel informe absurdo, carente de lógica y no sabía si creerlo o no creerlo. Hasta que al fin, en un impulso incontenible le dije:
“Anastasio coño, que torpe eres. Pero no te preocupes por lo que te digo, porque en esta yo he superado tu torpeza, al incluirte en tan importante misión”.

Víctor llevaba el mando del grupo, pero tú llevabas mi nota de presentación y eras quién tenía que hablar con Fidel. Si había una plaza en la avioneta era a ti a quien Víctor, tenía que mandar, y si Víctor abandona el mando del grupo, como lo hizo, eras tú, el que tenía que asumirlo y continuar el viaje hacia la Sierra Maestra, como se había programado. Y mucho más todavía, cuando ya la tenían al alcance de la mano.

Ahora, poco quedaba por hacer; simplemente esperar el regreso de Víctor Bordón y confiar que las cosas hubieran salido lo mejor posible, e inclusive, que pudiera ser portador de alguna misiva de la Sierra Maestra. No obstante, el proceder de Víctor y el cambio brusco que le había dado, a las órdenes que se le habían impartido para dicha misión, nos daban mala espina y acrecentaban cierta desconfianza hacia su persona, sin que pudiéramos presagiar a ciencia cierta qué era lo que se traía entre manos, a no ser su simple y ya conocido afán protagónico, del que no podía escapar ya que dicho rasgo formaba parte de su propia personalidad. No niego que en los días sucesivos, cruzó por mi mente la idea de que Víctor, pudiera ser que no regresara más al Escambray y que por razones desconocidas, hubiera decidido quedarse en la Sierra Maestra.

Pero pronto, los hechos demostraron lo erróneo de aquel pensamiento. Víctor, había regresado al Escambray y transcurría un día y otro día sin que reportara a nuestro mando. Ni siquiera un sólo recado de su parte, que anunciara su presencia. Parecía imitar a la mariposa, pero en vez de volar de flor en flor, lo hacía de guerrilla en guerrilla, narrándoles a todos sin mostrar una pizca de rubor, su espectacular viaje a la Sierra Maestra y los honores que allí se le rindieron por parte del propio Fidel Castro; el cual, sin escatimar halagos, ordenó que formaran en fila todos los barbudos que allí se encontraban, para que Víctor, pasara revista a la tropa en el momento que presentaban armas ante él. Y como colofón, de toda esta aparente sarta de estupideces, Fidel Castro lo había nombrado, Comandante en Jefe de los alzados en el Escambray.

Por supuesto, nada de esto venía acreditado por una carta de Fidel; ni siquiera por una que lo respaldara como jefe de los alzados del Movimiento 26 de Julio. Pero lo que él no imaginaba, era que sus andanzas conspirativas y fuera de lugar, llegaban a nuestros oídos en informes detallados por valiosos combatientes, hermanados en la lucha y cuyo sentido unitario iba mucho más allá, que el brazalete que portaban.

¿Hasta dónde pensará llegar? Nos preguntábamos, pero ya sin perderle pie ni pisada a su constante actividad subversiva, y divisionista. Y finalmente, de no atajarla a tiempo, podría provocar un desenlace catastrófico; por lo cual nos veíamos, en la obligación moral de evitarlo.

Víctor Bordón y sus más allegados oficiales, habían olvidado la hospitalidad con que los habíamos recibido. Parecían igualmente haber olvidado que formaban parte de nuestro Estado Mayor. Ahora, pues, nos tocaba a nosotros actuar, para bajarlos de la nube en que se habían envuelto. Una tras otra, en una operación relámpago, que duró escasas horas, fueron desarmadas todas las guerrillas, envueltas ya en aquella red conspirativa, compuestas en su totalidad por unos doscientos hombres.

Personalmente me puse yo, al frente de un grupo y nos asignamos la tarea de desarmar y arrestar a Bordón y a los que lo acompañaban, siendo por su responsabilidad el primer núcleo desmantelado y por ende, neutralizado y puesto fuera de juego. Concluida la operación general de desarme, sólo unos sesenta fueron conducidos, a una valla de gallos donde permanecerían arrestados, hasta ser interrogados.

El resto eran campesinos y gente sencilla, que hubieran acatado las órdenes de sus jefes por desconocimiento, pero a los cuales no podía imputárseles ninguna responsabilidad y todos ellos pedían, que los trasladáramos a distintas guerrillas, para seguir luchando y así lo hicimos. Bordón, por su parte presagiaba lo peor para él.

Se mostraba visiblemente nervioso, o mejor dicho yo, diría avergonzado y totalmente desmoralizado. Deseábamos que se calmara, que se sosegara, para poder conversar con él. Confiábamos en que pasados los primeros momentos, se mostraría dispuesto a cooperar con nosotros, para esclarecer los hechos.

Lo importante era saber quién o quiénes, le habían dado la orden o la descabellada orientación que lo condujo a actuar, en una forma tan irresponsable. Ya el propio Víctor, desde los primeros momentos de su detención, había admitido en un arranque de supuesta franqueza, todas la sartas de mentiras esgrimidas entre tropas y oficiales, con las que condimentaba su actitud subversiva, haciéndoles creer que las órdenes provenían de la Sierra, que jamás sus pies habían pisado y que por ende, habían sido impartidas personalmente, por el propio comandante Fidel Castro.

Hasta dónde la realidad o la fantasía, lo exacto o lo inexacto dicho por Bordón, era algo que todavía no podíamos definir.

Pero mientras intentábamos elaborar conclusiones, nuestra meditación fue interrumpida con el anuncio de que un grupo de cuarentas o cincuentas campesinos habían llegado y solicitaban urgentemente, hablar conmigo. Sus caballos sudorosos, jadeantes, echando muchos de ellos espuma por la boca, habían sido amarrados a distintos árboles a corta distancia de dónde nos encontrábamos. Los campesinos habían hecho un recorrido bastante largo, de una sola tirada. Era gente que procedía de las zonas rurales perteneciente a los pueblos de Cruces y Ranchuelo, acostumbrados al rudo quehacer de la campiña. Cuando los recibí, se les veía el cansancio reflejado en el rostro, pero muy animosos y esperanzados, en que la misión que les habían encomendado, culminara exitosamente.

Saludaron muy efusivamente y de inmediato fuimos al grano.

¿Qué les trae por aquí? ¿Qué les ocurre? Les pregunté y al instante, no sin sorpresa por nuestra parte, supimos la motivación. La detención de Víctor Bordón y sus más allegados seguidores, había llegado a oídos de la dirigencia del Movimiento 26 de Julio y del Partido Socialista Popular. La alarma fue tal, que fueron ellos quienes organizaron al grupo de campesinos que ahora nos visitaban, con la petición nada más y nada menos de que no fusiláramos a Víctor Bordón.

Se tranquilizaron cuando les hice saber, que por nuestra mente no había pasado ni remotamente esa posibilidad. Pero sí, resultaba altamente coincidente y curioso, que tanto los dirigentes que organizaron a éste grupo de campesino, como el propio Víctor Bordón, si consideraban que los trajines en que andaban eran de tal envergadura, que de ser descubiertos no podía esperarse otra cosa, que la pena máxima.

Los campesinos escuchaban atentos nuestra argumentación, acerca de los hechos que nos llevaron a actuar en la forma que lo hicimos, la misión encomendada a Bordón, la avioneta inexistente que inventó, la presentación de armas en la Sierra Maestra, por parte de los barbudos, en su honor, la jefatura del Escambray, otorgada por Fidel Castro y una sarta de mentiras con las que engañaba a sus propios oficiales, a su regreso al Escambray y lo que era aún mucho más grave, trasmitiéndole a sus oficiales, como si Fidel Castro, le hubiese dado la orden de que a todos nosotros, había que matarnos.

Llevar la cosa a tal extremo, fue su principal error, ya que muchos allegados a él, no compartían esos extremos y optaron por alertarnos. Los campesinos escuchaban con asombro, nuestra narración de los hechos. Se les aclaró, que ninguno de los detenidos había sido objeto de ningún tipo de maltrato. Ni siquiera el propio Víctor Bordón, a quien manteníamos separado del resto del personal, el cual, sin que nadie ejerciera ningún tipo de presión sobre él, sabiéndose descubierto y comprometido al máximo, redactó y firmó voluntariamente una carta, que nadie le pidió, en la cual reconocía sus errores y su culpabilidad y en ella, mostraba su arrepentimiento.

Los campesinos escucharon boquiabiertos la lectura de dicha carta. Finalizada esta dimos por terminada la reunión y todos partieron de vuelta por donde habían llegado. Pero esta vez, con la firme convicción de que la misión que les habían encomendado era innecesaria, ya que allí, ni se iba a fusilar a nadie ni se iba a retener innecesariamente en cautiverio, ni aún a uno sólo, de los que nos habíamos visto en la necesidad de desarmar y a quiénes en el transcurso de aquella misma semana, se les otorgó plena libertad, para que se dirigieran adonde consideraran que podían ser bien recibidos. Con Víctor, se siguió el mismo procedimiento, pero a éste si le advertimos que se pusiera lo más lejos posible de nuestro frente. Por lo cual, él entendió a la perfección y pudimos dar por terminado, este desagradable capítulo, que de no haber sido atajado a tiempo hubiera provocado, quizás un desenlace fatal ”.

Con gran cariño y simpatía desde La Ciudad Luz,

Félix José Hernández.

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