Testimonio sobre la lucha guerrillera en la Villas durante los años cincuenta

Testimonio sobre la lucha guerrillera en la Villas durante los años cincuenta

 

París, 13 de diciembre de 2015.

Querida Ofelia:

Te envío el testimonio que nuestro viejo amigo Miguel García Delgado me hizo llegar ayer desde Miami. Como en los anteriores, podrás leer una de las páginas de la lucha en El Escambray y en la Provincia de Las Villas en general, en los años cincuenta, contra Batista. Como bien sabes, todo ello ha sido ocultado o difamado por el régimen de los hermanos Castro.

“En el mes de agosto de 1958, Menoyo acompañado de Roger Redondo se dirigió al Naranjo, donde operaba la Guerrilla de los Camajuanenses, así llamada porque la mayoría eran de ese pueblo de la región central de Cuba. Menoyo ya había citado las guerrillas de Lázaro Artola y de Anastasio Cárdenas así como también a otros guerrilleros. Nosotros salimos desde El Naranjo, nos dirigimos hacia la finca El Colorado y desde allí a la playa El Inglés, que está en la carretera del Circuito Sur entre Cienfuegos y Trinidad. Cuando ya estábamos posicionados en el borde de la carretera, decidimos atrincherarnos, pues pensábamos que aquella movilización era para ponerle una emboscada al ejército.

Alrededor de las 7 de la noche, llegó Roger Redondo con varias chismosas (lámparas rústicas) y nos dijo:

-‘Cada uno coja lámparas y pónganlas en fila india al borde de la carretera en ambos lado y cuando yo les ordene, las encienden.’- Después nos explicó que teníamos que cerrar ambos lados de la carretera porque venía un avión que nos traería armas desde Miami.

Ya los camajuanenses unidos a los trinitarios y algunos cienfuegueros, que formábamos esa guerrilla, les habíamos disparado algunos tiros a los soldados y campeábamos por nuestro respeto por esa vía lo mismo de día como de noche. Tanto era así que cuando anochecía no viajaba ningún vehículo por esa carretera.

El caso es que allí estuvimos como dos semanas. Nos acostábamos en la carretera y por la madruga teníamos que salir corriendo para el lado de la vía que daba para las estribaciones de la loma, porque venía del mar una invasión de cangrejos que no se podía ni caminar. Una noche Eloy encabronado dijo:

-‘Cada uno para su zona, esto ha sido un embarque de Plinio.’

En los finales del mes de octubre, Eloy Gutiérrez Menoyo le dijo al Dr. Armando Fleites y a Aurelio Nazario Sargen:

-‘Ustedes tienen que salir para Miami. Esta misión es muy importante porque como saben, no tenemos parque ni armas de grueso calibre y eso es muy necesario para lo que se nos avecina.’

Fleites y Nazario partieron de la casa de Doña Rosa en Nuevo Mundo donde estaba la comandancia, rumbo al poblado de Báez y allí estuvieron cuatro días en casa de Agustín Alles Soberón. Después partieron para Camajuaní para recabar ayuda del Dr. Francisco Sardá, que era muy amigo del padre de Armando Fleites. El padre de Armando y Sardá habían conspirado contra Machado en 1931, incluso el padre de Armando se había alzado contra el Machadato.

Fleites y Nazario llegaron en auto a Camajuaní, un domingo como a la tres de la tarde. La casa de Sardá estaba situada en el centro del pueblo, pero en aquel momento no había nadie. Entonces, Armando le dijo al chofer que le esperara. Aurelio se quedó en el carro porque él era muy conocido por allá. De todas formas, pasó un hombre, se paró, empezó a mirar para el auto, se acercó, metió su cabeza por la ventanilla y dijo:

-“¿Nazario tú no estabas alzado en el Escambray?”

– “Yo no soy ese señor que usted dice.”- Respondió Nazario.

-“Con esa nariz solamente tú puedes ser Nazario Sargen.”- Concluyó el intruso mientras se alejaba del auto.

Entonces Armando Fleites le dijo a Nazario: -“Creo que con ese pelo pintado de amarillo todo el mundo te reconoce”.

Acto seguido, Armando le preguntó al chofer: – “¿Tú conoces a alguien aquí que no sea chivato y que no tengamos problemas con él?”

El chofer respondió: – “Yo conozco a un hombre que se llama Pelayo Torres que tiene un hijo estudiando medicina en La Habana y es un hombre a todo dar”.

-“Pues vamos para su casa”- le ordenó Armando.

Una vez en casa de Pelayo, la familia los atendió muy bien, les de comer y les dijo que no se preocuparan que allí no había problemas. Al otro día Pelayo habló con Sardá y Armando fue para su casa mientras que a Aurelio se lo llevaron para otra casa. Un día como a la 6 de la mañana tocaron a la puerta de la casa de Sardá y Armando preguntó:

– “¿Qué pasa?”

Y alguien le contestó:

-“Parece que el ejército te está buscando”.

Como Sardá era dentista y tenía en su casa su consultorio donde trabajaba siempre desde muy temprano, le dijo a Armando: -“Ponte un pañuelo en un lado de tu cara y finge que te saqué una muela”.

Armando lo hizo y salió sin ninguna dificultad hacia el parque que estaba a una cuadra de la casa. Él no podía preguntarle a nadie, pero se puso dichoso y reconoció la casa de Pelayo. Al tocar en la puerta, éste lo recibió y le dijo:

– ‘No te preocupes, que yo te saco de este problema’.

Al día siguiente Pelayo llevó a Armando para el pueblo de Vueltas a la casa de Maximino González.

En Vueltas, en una ocasión, llegaron a la casa dos soldados y se pusieron a hablar con Maximiliano, pero se fueron sin que nada ocurriera. Al día siguiente fue a buscar a Armando el hijo de Sardá -al que llamaban Panchitín-, iba con Nazario. Salieron del pueblo y cuando pasaron por el cementerio de Remedios, allí había un señor que se llamaba Otilio Permuy, quien con un pañuelo blanco les dio la señal de que el camino estaba libre. Permuy había sido concejal y era del Partido Ortodoxo. Después siguieron para Caibarién para la casa de Antoñico Pérez (El Isleño). Finalmente, se trasladaron para Juan Francisco, donde fue a recogerlos Antoñico y los llevó para Cayo Anguila y desde allí para Miami.

En el mes de diciembre de 1958 Nazario regresó por donde mismo se había ido, pero con un cargamento de armas. Allí lo estaban esperando Antoñico Pérez y su hijo en su barco Blanca Estela, para trasportarlo a Cuba”. Miguel García Delgado.

Un gran abrazo desde La Ciudad Luz,

Félix José Hernández.

Hispanista revivido.