Me gustaría creer y tener en un dios que fuera rico; porque hasta ahora, todos, absolutamente todos los dioses que he conocido, sin presentármelos, solo he sabido de ellos que viven lejos y son pobres de solemnidad, porque en rara o en ninguna ocasión sus representantes no me han pedido un limosnica para atender su culto y necesidad.

Tener un dios rico, tiene que ser la repera; no solo porque le puedes pedir billetes de quinientos euros, esos que tanto les gusta viajar, aunque sea on-line a las islas del Caribe y demás santos territorios gobernado por el Vaticano o bajo su directa advocación, por ordeno y mando de nuestros políticos, todos, absolutamente todos, lo mejor que nos ha podido pasar en nuestras vidas con conocerlos.

 Personalmente, dioses por el momento aparte, pensaba que después de promover las guerras por cientos, las guerrillas por miles, y las subversiones y agitaciones sociales por una cifra que solo pueden soportar los discos duros de los ordenadores, sinceramente creí que todos los gringos, absolutamente todos los que viven en los EE.UU, y más viendo algunos intentos de lucimiento social como tratan de reflejar en su películas, eran ricos de solemnidad; que todos tenía una casa gigante, una piscina, y un perro que les movía la cola.

Pero he aquí que no es así; y después de ser los causantes de casi el cien por cien de todos los derramamientos de sangre y extorsiones de dinero y de recursos del mundo, un porcentaje elevadísimo de ellos son pobres de solemnidad, mucho más pobres que la media de los dos países locomotoras de Europa, Alemania y Francia, y la inmensa mayoría de sus ciudadanos con menos crédito bancario que un perro callejero.

El científico en sociología señor Trump, a pesar de su inmenso conocimiento y ciencia que le ha permitido amasar, al parecer, una inmensa fortuna al estilo de las películas, en lo que si produce cierto desazón en la distancia de sus súbditos que nos aprovechamos de su trabajo y, lo que es todavía peor, del trabajo y sudor de todos los americanos, como sus habladurías están dentro del programa previsto y votado, el posible desequilibrio y desazón llega porque salvo que figure por la vía del incognito, no está encuadrado en ninguna de las tradicionales familias ricas estadounidenses, que en una democracia pura y limpia como es la yanqui, son las que ponen o quitan presidentes.

Aquí, a estos que nos estamos aprovechando como ladillas o tigres de los collones que llaman los portugueses de los EE.UU, nos pareció saber que de las poderosas familias, en lo económico, de los Long, de los Muhlenberg, de los Harrisons y Lees, de los Roosevelts, de los Daleys, de los Tafts, surgen democráticamente todos los presidentes de los EE.UU: gente todas ellas encantadoras y desprendidas, que hasta ahora, hay que ver lo que pasa en el futuro, nos han permitido gracias a su bondad y generosidad vivir con cierta decencia en nuestros países donde no hacemos otra cosa que no sea dormir y, los que pueden, fornicar a salud de los sufridos EE.UU.

Dentro del proceso involutivo que se está produciendo en el interior de cada individuo, donde cada vez más la posible solidaridad de grupo es una bandera a quemar como moda antigua, aunque parezca increíble, en la medida que la incultura siempre suele ser directamente proporcional con el egoísmo individual, habrán por millones gentes en EE.UU, que crean que eso es así; que el mundo se está aprovechando de las chocolatines, de los chicles y de los cigarrillos de las tropas Usa, o del dinero que por bajomano utilizan las fuerzas subversivas para derrocar o poner gobiernos o generar altercados. Y tal asunto de pura incultura, puede ser mucho más grave que lo que pueda pensar un grupo que lo único que tenían, al parecer, era dinero para poder obstar a ocupar el mando del ejército más poderosos del mundo y el que él solito, en los pocos años que lleva constituido como fuerza armada de un país, ha participado en más guerras directas que todos los ejércitos juntos de la vieja Europa, y eso que a los de Inglaterra y Francia (Alemania menos, pero a lo grande y denso) les gusta más la guerra que a un tonto un lápiz.

Y claro, el problema de raíz parte porque todos los dioses, absolutamente todos los dioses que conocemos, según sus conocedores o representantes, son pobres, no tienen ni disponen de dinero; que si no esto no tenía necesidad de tantas guerras económicas y de rapiña.

Porque al final, ya se sabe, los emigrantes, los refugiados, son los que se benefician del tremendo esfuerzo de países tan pacíficos y respetuosos con los demás, como son los EE.UU.

Salud y Felicidad. Juan Eladio Palmis.

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