WASHINGTON DC. Es uno de los abogados más conocidos de Washington y probablemente el único que ha ganado un par de veces un caso en la Corte Suprema de los Estados Unidos, y el sistema ha vuelto a cambiar las leyes para regresar al  punto de partida. Thomas B. Wilner representó a los detenidos de Guantánamo en el juicio que estableció su derecho a ser asistidos por un abogado, y en dos decisiones la Suprema Corte confirmó el derecho de estos presos al habeas corpus, pero la justicia todavía está por hacerse.

Como él reconoce, esa prisión sigue siendo un símbolo de un país, Estados Unidos, que desdeña el estado de derecho. “Hay que cerrar Guantánamo, porque es cara, es ineficiente, lesiona nuestra posición internacional”, afirma Wilner, consultor de la firma de abogados Shearman & Sterling, en Washington, y hombre del establishment norteamericano. Antes de convertirse en un jurista de primera línea, estudió en la Universidad de Yale y en la Escuela de Leyes de Pennsylvania, las dos mejores y más caras academias de los Estados Unidos. En Yale fue condiscípulo, entre otros, del republicano George W. Bush y del demócrata John Kerry.

Wilner fue el vocero de un grupo de abogados norteamericanos que han representando a prisioneros de diversas nacionalidades, ilegalmente retenidos en la Base Militar de Guantánamo. Entre los presos había 12 kuwaitíes, clientes de Wilner, que fueron torturados por soldados estadounidenses en Afganistán y Pakistán antes de enviarlos a la base en Cuba.

Hemos hablado en otras ocasiones de la prisión de Guantánamo, pero es la primera vez en que nuestra conversación transcurre en Washington y se enfoca en un territorio más amplio que la cárcel, la franja ocupada en Cuba por el gobierno de Estados Unidos. Este es hoy uno de los temas que la Isla ha planteado como obstáculo para superar en el camino hacia la normalización de relaciones con el gigante del Norte.

Sigue leyendo

 

Deja un comentario