Turismo en Cuba

La infraestructura comienza a colapsar ante avalancha de turistas

 

Eugenio Yáñez

Si comenzara realmente una avalancha de turistas como la que se espera cuando se eliminen todas las restricciones del embargo, tal vez veamos hasta a Machado Ventura rentando oficinas con baño en el Palacio de la Revolución.

Pero la crisis no se limita a las instalaciones habitacionales. Construyen hoteles, pero las calles y aceras aledañas están repletas de huecos peligrosos para conducir o caminar por ellas. Los medios para recoger basuras están desbordados, o simplemente no aparecen. Y el agua potable no es algo que abunde en zonas de La Habana Vieja y Centro Habana, donde siguen construyendo instalaciones turísticas. Por no hablar de Santiago de Cuba y su escasez crónica de agua en la ciudad, a pesar del acueducto construido a la carrera y las promesas de Raúl Castro de que eso se resolvería. Las ofertas de alimentos y bebidas al turismo son muy superiores a las disponibles para los cubanos en las calles, pero distan mucho de las existentes en instalaciones de 4 o 5 estrellas en Cancún, Bahamas, Punta Cana, o cualquier isla del Caribe.

En Cartas desde Cuba el periodista Fernando Ravsberg narra quejas de un turista “rioplatense” de unos 40 años, en el legendario Hotel Comodoro, de Miramar, el pasado fin de semana: “llegué con un bebé, tuve que subir 4 pisos por las escaleras, cargando mis maletas, y cuando entré a la habitación estaba sin hacer y sin agua”.

Las condiciones higiénico-sanitarias del país son alarmantes. En las últimas semanas, tras una batida a los focos infecciosos en todo el país utilizando militares y policías para reforzar los esfuerzos de salud pública, la situación mejoró, pero los peligros no están eliminados ni mucho menos. Y aunque en Varadero, buque insignia del régimen para el turismo de sol y playa, no se ha informado que existan epidemias, en Cárdenas, a 10 millas (16 Km.) de Varadero y con muchos habitantes de esa ciudad trabajando allá, la situación es difícil y los problemas sanitarios son bastante complejos.

No hablemos de Internet, elemental en el mundo contemporáneo. Aunque exista en los hoteles, lenta y cara, al salir de ellos los turistas quedan virtualmente desconectados del mundo. No pienso en las frivolidades de divas anodinas quejándose de no poder postear selfies y sandeces, sino en periodistas desconectados que comprueban con estupor haber regresado a la Edad Media caminando por La Habana, Holguín, Cienfuegos o Camagüey. Las zonas wi-fi que el régimen dice tener o que tendrá en el país son intrascendentes. En cualquier complejo de edificios de Hialeah funcionan más conexiones WiFi que todas las que tiene la dictadura en la isla jurásica.

No creo que los turistas americanos en Cuba, muchos de los cuales no hablan español, inviertan demasiado tiempo conversando con cubanos de a pie para explicarles cómo funcionan la democracia o el Estado de derecho. Preferirían, naturalmente, disfrutar mojitos y daiquiríes, caminar La Habana Vieja, bañarse en playas cubanas o pasear en “almendrones”.

Sin embargo, espectáculos como la filmación en La Habana de la serie Fast and Furious, con su despliegue de velocísimos autos modernos, acrobacias al timón, y hasta helicóptero, así como los sustanciales cobros de cubanos participantes en el apoyo a la filmación, comparados con lo salarios de médicos, ingenieros o profesores, hacen más mella en la supuestamente monolítica ideología revolucionaria que todo lo que puedan explicar los turistas a los cubanos.

Lo mismo podría decirse del desfile de Chanel en La Habana y los alardes de los herederos de la tiranía, a pesar de la evidente discriminación contra la población cubana, o precisamente por ello. O del crucero que después de más de medio siglo unió Miami con la isla. O de la próxima filmación de Transformers que dicen se realizará pronto. Y de muchas de las cosas que vendrán después.

Simplemente, el genio salió de la lámpara, y no hay manera de hacerlo entrar de nuevo.

El régimen, con sus carencias materiales y comején en su ideología, está preocupado.

No por estar desnudo, sino porque todos saben que lo está.