“Llegué con un bebé, tuve que subir 4 pisos, por las escaleras cargando mis maletas y cuando entré a la habitación estaba sin hacer y sin agua”

 

 

Este fin de semana estuve en el hotel Comodoro, estaba lleno de turistas pero el ascensor no funcionaba, las tv de las habitaciones habían “perdido” los mandos a distancia y no había ni una gota de agua para bañarse o descargar los sanitarios.

Pero cuando nos sentamos en el bar de la recepción ocurrió un milagro de esos de García Márquez, nos encontramos una gotera justo encima de nosotros. Nos cambiamos de sitio porque nadie podía definir que era aquel líquido, teniendo en cuenta que agua no podía ser.

En la recepción apenas atendían a los turistas que llegaban unos tras otros a protestar. “No puedo estar en todas partes”, les decía el encargado y explicaba con una tristeza que daba lástima: “no tengo telefonista, atiendo las llamadas o los atiendo a ustedes”.

Finalmente pudo atender a los turistas y empezó por un rioplatense de unos 40 años al borde de la desesperación porque “llegué con un bebé, tuve que subir 4 pisos, por las escaleras cargando mis maletas y cuando entré a la habitación estaba sin hacer y sin agua”.

Estas tristes realidades no aparecen en los noticieros de la TV, en los periódicos nacionales ni en los discursos del Ministerio de Turismo pero son las que van a determinar que, pasado el boom por visitar Cuba, los turistas regresen a la isla o digan “nunca más”.

Deja un comentario