Un presidente de la Paz en guerra con su propio Congreso

Barack Obama ejerció este viernes el derecho presidencial de veto para frenar una ley del Congreso que permitiría denunciar a Arabia Saudí por su supuesto papel en el 11-S

Obama justificó el rechazo a la ley, aprobada por demócratas y republicanos, porque usurpa las competencias del poder ejecutivo para designar a estados como terroristas. También alegó que pone en peligro a estadounidenses en el extranjero protegidos ahora por la inmunidad. Y puede complicar las relaciones de EE UU con socios clave. Para anular el veto, son necesarios dos tercios del Senado y de la Cámara de Representantes.

El texto de Obama enumera tres razones para vetar la ley. Argumenta, primero, que la ley hurta a los profesionales de la seguridad y la política exterior del Gobierno federal la capacidad para luchar contra el terrorismo, y que traslada la competencia a un enjambre de litigadores privados y tribunales que podrían alcanzar decisiones contradictorias y poco razonadas sobre los vínculos terroristas de otro país. La competencia para designar como terrorista a otro Estado recae ahora en el Gobierno federal, no a los tribunales.

El segundo argumento de Obama es que la ley destroza los principios de la inmunidad internacional, y que romper estos principios pondrá en peligro a representantes de EE UU en otros países. Estados Unidos, recuerda el presidente, tiene más presencia internacional —militar y diplomática— que ningún otro país. Finalmente, considera que la ley “amenaza con crear complicaciones en las relaciones [de EE UU] con [sus] socios más cercanos”. Uno de estos socios es Arabia Saudí. Según Obama, expondría a los aliados de la primera potencia mundial a acusaciones con poco fundamento en los tribunales y podría acabar limitando su cooperación en asuntos clave, incluido en materia antiterrorista.

Hispanista revivido.