Un sábado con Inés en Madrid

Sábado espléndido, con un sol que dibujaba destellos en los aviones que a esa hora de la mañana hincaban sus hocicos en busca de la pista 33 de Barajas

 

Carlos Cabrera Pérez

Una paraíta en La Latina en busca de una caña bien tirada, sobre losa de granito, espuma justa y unos calamares a la romana; que solo saben hacer las tabernas madrileñas.

El personal se acomoda como puede frente a la barra y conversa sobre sus vidas, el fútbol y lo que llaman la política. Una camarera dominicana me comenta que sabe hacer Mojitos y yo le digo que prefiero el Daiquirí, con acento en la última i, como la playa holguinera (noreste de Cuba).

Me subo hasta el Retiro, incluso más arriba en busca de las tabernas de Lope de Rueda que aún sirven vermú de grifo; una gozada, que acompaño con unas gambas rojas de Denia, dice el atento camarero; cocidas y con sal gorda.

Aquí el gentío habla de sus planes para la nieve; que este año escasea mucho; y de su ilusión de consolarse con una buena Semana Santa. Todos coinciden en que el tiempo está loco y que nunca se sabe. Pienso en qué año se empezó a controlar estadísticamente el tiempo meteorológico.

Es inútil, nunca llovió, llueve ni lloverá a gusto de todos.

Me llaman dos buenos amigos para pedirme que les lleve un par de cabritos; esos cabritos de Aldeacentenera, que son Ambrosía. Aclaro que estoy en Madrid y proponen comer juntos. Les hago trampa: me apetece un daiquirí de Zara; Barbieri 18, creo; y corto.

Como para abajo todos los santos ayudan, camino Alcalá abajo, paso Cibeles, Barquillo y en la siguiente giro a la derecha; en busca del Mercado de San Antón; quiero ver cómo ha quedado después de su reforma; pero no llego a tiempo y tiro directo a Zara.

zaraInés me recibe con su sonrisa de siempre y su afecto lleno de gozo por la llegada de un amigo. El mejor templo de comida cubana del sur de Europa está a tope; y tienen mesas reservadas hasta las cuatro menos cuarto.

Pero Inés aprendió de su madre cubana, Inés I, y de su padre asturiano, Pepe; que de su casa no se va nadie sin comer y nos ofrece que comamos en una barra estrecha que han acondicionado justo frente a la batidora con vaso de aluminio que hace los mejores daiquirís de esta parte del mundo.

Improvisamos una comida con tapas cubanas: tamal; ese pan de los indios que los cubanos transformaron en bombón de maíz; tostones (rebanas crujientes de plátanos machos); yuca frita (mandioca africana aderezada con mojo Caribe); ropa vieja (carne del Morcillo o Zancarron deshilachada y aderezada con cebollas, pimientos, ajos) y pollo frito; único en Zara, secreto milenario de la cocina guaje y que nunca he conseguido hacer en casa.

Todo ello regado con batidoras de Daiquirís frappe; que encandilan a uno de mis amigos; que se pide una tarjeta. Café bombón y abrazos a Inés que nos despide con el ruego de que volvamos y me avisa que Pepe e Inés, los patriarcas, van al restaurante los martes y los jueves.

En la puerta, una sorpresa, Manolo García -poeta contemporáneo- que me recuerda su timidez y nos reímos con las veces que he intentado invitarle a comer y él no me ha dejado porque no consigue vencer su timidez.

Me cuenta que próximamente irá a Badajoz; le paso una tarjeta y le hablo del magnífico escenario que son Las Villuercas de fondo y su voz de blues agitanado diciéndonos en Aldeacentenera, que “ya mi perro no duerme junto a tu candela…”

Nos abrazamos por el reencuentro y le reto a un cuchifrito. Contesta con la sorna de siempre; ya sabes que a mi lo que me gusta es cantar; pero trabajar nada de nada.

Nos alejamos riéndonos; mientras Manolo y su managuer penetran en Zara para deleitarse con esos platillos sencillos que Inés y su equipo bordan con sabiduría de abuelos.

No recuerdo momentáneamente, donde he dejado el coche; y caigo en que está en el parking del Mercado de La Latina; uno de los amigos me acerca y en mis oídos aún resuena la confesión casi íntima de Inés.

-Carlitos, tú sabe que mi hijo, el que estudia para arquitecto (como su padre) se me ha adelantado y ha ido a Cuba a pasar la Navidad; hasta Obama va el mes que viene y yo no he vuelto nunca; chico…

Hispanista revivido.