Grupo de estatuas en bronce del escultor Péter Szanyl, en la acera de la escuela de la calle Práter, paralela a la calle Pál.
Grupo de estatuas en bronce del escultor Péter Szanyl, en la acera de la escuela de la calle Práter, paralela a la calle Pál.

París, 20 de marzo de 2016.

Mi querida Ofelia:

Hace más de un cuarto de siglo, tuvimos la suerte de conocer a una pareja de jóvenes exiliados en París: Nicolás y Cristina Klein. Él era húngaro y ella rumana. Con el tiempo se convertirían en grandes amigos.

Nos contábamos las historias de los regímenes comunistas de nuestros respectivos países, las anécdotas, las mentiras en las cuales nos habíamos visto obligados a vivir, etc. La propaganda en cada país presentaba al otro como un paraíso terrestre, cuyo alto nivel de vida llegaríamos a tener gracias a la construcción del socialismo.

El día de Navidad del 2003, en su bella casa del barrio de Emerson en New Jersey, le pregunté a Nicolás, cuál era la novela más bella de la literatura húngara, ya que mi ignorancia en lo que a ella se refería era total. Él me recomendó “Los chicos de la calle Pál”, pues la había leído en su adolescencia y se había quedado tan impresionado que aún recordaba los detalles y hasta los nombres de los personajes. Al día siguiente la compró en francés en una librería de New York y me la regaló. Recuerdo que pasamos una extraordinaria fiesta de Nochevieja con la pareja Klein y un grupo de sus amigos, en un club húngaro en el barrio de Queens.

Comencé a leer la novela en el vuelo de regreso a París y mi entusiasmo fue grande. Descubrí a Ferenc Molnár, un autor para mí hasta ese momento desconocido y una bellísima novela que recomiendo a todos mis amigos. Desde entonces la he regalado a varios hijos adolescentes de mis amigos.

Ferenc Neumann, nació en Budapest en 1878. Escribió bajo el seudónimo de Molnár (molinero en castellano). Gracias a sus obras de teatro y novelas logró hacerse famoso con sólo treinta años de edad. Su celebridad pasó las fronteras de su país natal, pero cuando comenzó la persecución contra los judíos, logró escapar a Italia poco antes de comenzar la Segunda Guerra Mundial y desde allí partió hacia New York, en donde vivió hasta su muerte en 1952.
Su novela más conocida es “Los chicos de la calle Pál”, que con el tiempo se ha convertido en un gran clásico de la literatura juvenil, más que húngara, europea. Es raro el francés que no la haya leído. Asombré a mis amigos y colegas galos al decirles que para mí había sido un gran descubrimiento.

Escrita en 1906, cuenta las aventuras de dos grupos de chicos.

El primero lo forma la banda de Los Camisas Rojas (“los malos”), cuyo territorio es el Jardín Botánico. El jefe es Feri Ats, pero también se encuentran: los hermanos Pasztor, Szebenics, Wendaver, etc.

La otra banda está formada por el grupo del Club Masilla o de La calle Pál ( “los buenos”), cuyo territorio es el solar yermo situado frente a la escuela y que separa a ésta de la escuela en donde están Los Camisas Rojas. El jefe es el « general » Boka, aunque el héroe indiscutible (personaje entrañable para el lector) es el “capitán” Nemecse. Entre los otros miembros de la banda se encuentran: Jano, Ritcher, Leski, Weiss y el “traidor” Geréb (otro excelente personaje logrado por la pluma de Molnár). Sobre el solar yermo, territorio de juegos y de Libertad, ondea la bandera de la banda con los colores rojo y verde.

Pero Los Camisas Rojas quieren invadir el territorio de la banda de Los Chicos de La Calle Pál y por tal motivo los planes de batallas, las traiciones, las escaramuzas, el espionaje, los atentados y todo lo que se pueda imaginar en una verdadera guerra, va a tener lugar en aquel territorio disputado.

Son 250 páginas deliciosas de aventuras y desventuras entre niños de la Budapest de 1906, pero que hubieran podido ocurrir en cualquier otra ciudad del mundo y que son de una actualidad impresionante. Yo jugaba de niño con mis amigos de la cuadra a los indios y vaqueros.

No te contaré el final del libro, pero las últimas veinte páginas son de una belleza extraordinaria. Sé que ha sido llevado al cine, pero no he logrado conseguir la película. La seguiré buscando.

En las Navidades del 2005 pasamos buenos momentos en Miami, más precisamente en South Beach, junto a Nicolás, Cristina y su hija Alexandra. Le di las gracias por haberme regalado el libro y nos reímos recordando las aventuras de Los Chicos de la calle Pál.
El año pasado pasamos una semana en la majestuosa capital húngara. La primera salida fue para ir a la calle Pál. Para celebrar el centenario de la publicación del libro, en 2006 fueron erigidas un grupo de estatuas en bronce en la acera de la escuela de la calle Práter, paralela a la calle Pál, entre las que se encontraba el solar yermo. Están representados cuatro chicos jugando a las bolas, pero uno de ellos se percata que dos de los de la banda de Los Camisas Rojas se acercan. Es la escena del libro en la que éstos últimos llegan, empujan a los otros y les roban las bolas. La singular obra de arte del escultor Péter Szanyl, en su entorno decadente, ya que el barrio se cae a pedazos, apuntalado y sucio, evoca perfectamente el ambiente popular y pobre de la Budapest del 1906. Recordé allí al único amigo húngaro que he tenido, creo que en ese momento él debe de haber estado contemplándonos y sonriendo desde el cielo.

Si lo encuentro en castellano te lo enviaré, existe, pues ha sido traducido a 35 lenguas. Lo podrás prestar a los adolescentes, a los hijos de tus amigos y familiares.

Un gran abrazo desde La Ciudad Luz,

Félix José Hernández.

Fotos: Grupo de estatuas en bronce del escultor Péter Szanyl, en la acera de la escuela de la calle Práter, paralela a la calle Pál.

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