Se paraliza la iniciativa de investigación parlamentaria sobre las irregularidades del voto exterior aprobada la semana pasada

 

La incapacidad de los partidos políticos para llegar a un acuerdo aboca a los españoles a pasar de nuevo por las urnas. Es la crónica de una repetición anunciada, a pesar de los escasos “momentos” de esperanza que se escenificaron en los últimos cuatro meses.

La repetición de los comicios es algo no sólo inédito en nuestra democracia, si no sorprendente y mucho menos deseable para un país ” democráticamente maduro”,  algo que aún está por demostrar a la vista de los resultados.

Los entendidos, si los hay, sostienen que unos nuevas elecciones no variarán demasiado los resultados respecto a los últimos, a excepción del repunte de votos que podría conseguir el PP y un mejor resultado para la formación resultante de la “fusión” entre Podemos e IU, condenados a entenderse si pretenden aglutinar el voto procedente de la izquierda.

Lo que tampoco cambiará para los españoles que viven en el exterior, los “queridos” pero ninguneados emigrantes es la obligación de rogar el voto al que les condena la reforma de la LOREG que pese al descalabro en participación  y a la merma en derechos del colectivo sigue sin abordarse. Algo inexplicable cuando tanto PSOE como PP, han reconocido reiteradamente su fracaso.

A partir de este momento y tras la disolución de las Cortes el próximo martes se paralizan todas las iniciativas parlamentarias, también todas aquellas que tenían relación con este preocupante asunto para la colectividad española, y se abre un nuevo periodo electoral tras la finalización de la XI legislatura,  la más breve de la historia y la única sin gobierno que concluirá, con la firma del decreto de disolución por parte del rey.

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