Alrededor de mil franceses desean viajar al Medio Oriente para unirse a grupos terroristas como el Estado Islámico (EI) y son tan peligrosos como los que logran partir, alertó hoy una fuente oficial.

 

El jefe de la Unidad de Coordinación de la Lucha Antiterrorista, Loic Garnier, declaró al diario Le Figaro que mientras el mayor control de fronteras provocó una disminución de los viajes en los últimos meses, ‘el que se queda puede terminar siendo tan peligroso como el que parte’.

De acuerdo con sus planteamientos, quienes permanecen en Francia pueden ser víctimas de un sentimiento de frustración que los lleva a atentar aquí y entonces ‘alimentar un terrorismo endógeno’.

Tras los varios atentados ocurridos en esta nación europea en los últimos dos años, con un saldo de más de 230 víctimas mortales, la relación de los franceses con el extremismo ocupa la atención de las autoridades.

Tal como explicó Garnier, varios fenómenos se juntan: los alrededor de 700 franceses que se encuentran en las zonas controladas por terroristas, los que están combatiendo en primera línea, los que están regresando y los que vuelven trayendo a sus hijos.

De acuerdo con el jefe de la unidad, en estos momentos se conoce del retorno de unos 200 franceses que se encuentran ya en territorio nacional.

Estos individuos están considerados muy peligrosos dada su experiencia en contextos de guerra y el entrenamiento en el uso de armas.

En consecuencia, explicó Garnier, las autoridades los interrogan minuciosamente y luego -en dependencia del caso- pueden ser enviados a la cárcel, puestos bajo control judicial o incluso remitidos a centros de ayuda social

No obstante, admitió, la cifra no es segura ya que ‘algunos salen de nuestros radares tomando rutas improbables y burlan la vigilancia de los servicios de policía’.

En referencia a los cientos de menores hijos de franceses y nacidos en el Medio Oriente, estimó que se trata de una ‘cuestión espinosa’ porque ‘desprovistos de todo discernimiento, no tienen adquirida ‘la noción del bien y del mal’.

Según detalló, esos pequeños han nacido y crecido en medio de un contexto de alta violencia, probablemente han presenciado decapitaciones como algo absolutamente normal, por lo que sus referentes implican una desviación importante.

‘Eso no quiere decir que todo esté perdido para ellos. Será necesario el trabajo psiquiátrico, así como la acogida en familias, la constitución de un lugar donde puedan desarrollarse y readquirir ciertos valores’, argumentó.

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