Y lo sé con certeza. Jamás había bebido de tal elixir como en la noche aquella. Dejó sus huellas en la tierra, curiosa las seguí y nada más bastó para enseñarme a encontrar donde nadie más mira. El cielo, por ejemplo, ya no será lo mismo para mí. La Vía Láctea recorrí a través de su mirada, me protegía en su envoltura y cerré los ojos para ir de su mano a inmortalizar el mundo. La piel se erizaba con el tacto de las hojas y aquellas ventanitas luminosas no dejaban de observar. Estrellita, estrellita… Qué curioso el Universo que, cuanto más lo contemplo, más me reflejo y me pierdo, me absorbe y me transporta… Y en una de esas allí me vi y quedé atónita al no comprender lo que el sueño me descifraba. Vi unos ojos llenos de mar, donde un barco colisionaba yendo a la deriva; escapaba porque unos pétalos de rosa envenenada se habían posado en su regazo y esos pétalos no eran de rosa fresca porque, tristemente, estaban envenenados. Y una lágrima surcaba el mar, viajando en un barco que iba a la deriva contra viento y marea, huyendo porque la muerte le atormentaba con truenos y relámpagos voraces. No tenía más destino que su propia muerte y en plena corriente se halló y se topó con unos ojos cerrados que de repente se abrieron y se miraron. Los segundos se deshicieron con el haz de cada estrella, porque eran fugaces, como mis pensamientos por entonces. Te reconocí. Mi alma y la tuya se esconden en cada uno de nosotros. Aún recuerdo tu aroma cuando el viento me reconstruye de arriba hacia abajo. Escalofrío, ¿lo notas?

Estoy sintiendo tantas cosas que escribir ahora mismo es limitarme a la señal concreta, elegir entre dos opciones… el día, la noche. Tengo un pellizco que no da tregua. Es como subirse a las estrellas y tirarse de cabeza. Hoy no hay certeza. Ésta se esfuma como el humo de tu cigarro, ese que se posa en tus labios, ese al que celo tanto.

¿Por qué hoy tengo la sensación de haberte soltado? Y tú… ¿lo notas? Hoy me siento como una puta mierda. Tengo ganas hasta de llorar. Esto no es lo que yo había experimentado al principio. Y, sin embargo, me siento más unida a ti que antes, y eso me aterra porque no sé si puedo respirar ya sola. Tengo miedo y no es miedo. Es pena de que te vayas porque, siendo sincera, me siento lejos. Quizás siempre me sentí así, lejos, a otra altura, porque tú me elevas al cielo, a ese que tanto he llegado a admirar en estos días, tanto como te admiro a ti. Porque te miro tantas veces… Hasta cuando no te miro, te estoy mirando. Y allí, en ti, también observo ese mismo cielo, en tus ojos, en tu boca, tu perfil… ese que tantas veces ya he dibujado. Te sé de memoria, eres inspiración para estas manos que hoy tratan de derramar algo que han sentido, que han vivido, que han acariciado. Y ante esto qué miserable sería musitar palabra. Tu sombra en mi cabeza ahonda hacia dentro, dispuesta a surcar este mar que, con mucho desconocimiento e inexperiencia, te ofrece todo lo que tiene, lo que soy. Y creo firmemente en esta sensación de haberte soltado, porque te quiero libre, tal cual me incitas a volar a mí.
Miriam Urbano Zafra

Deja un comentario