Vidas de españoles rotas por el castrismo: Juan Manuel Alonso Macía

En 1969 el gobierno cubano incauta todos los pequeños y medianos negocios, entre ellos, el transporte de Juan, que sin consuelo va apagándose día a día hasta morir de sufrimiento en 1980

  • Antes de hacer nuevas inversiones es un deber moral del gobierno español, exigir indemnizaciones por estos españoles que lo perdieron todo en Cuba.

Juan Manuel Alonso Macía, con solo quince años de edad llega por vez primera a La Habana. Regresa a Galicia y allí conoce a la compañera ideal para formar la tan deseada y necesaria familia. Contrae matrimonio con Rosalía Álvarez Rodríguez, a quien invita cruzar el charco en el verano de 1935 a bordo del buque “Mexique”.

De vuelta a Cuba, Juan comienza a trabajar de chofer. Rosalía también colabora como empleada doméstica, pero entonces los salarios eran tan bajos que el gallego tiene que alternar como “afilador de tijeras”, oficio aprendido en Villamayor, Castro Caldelas, Ourense y de alta demanda en la Mayor de las Antillas.

Juan, día a día temprano en la mañana hacia rodar su “artefacto” por las calles habaneras, afilando cuanto cuchillo, cuchilla y tijeras aparecieran. Pero la idea fija de comprar un camión y convertirlo en taller ambulante no le dejaba dormir. Al fin compran el ansiado camión marca Ford del año 1931, que en pocos días transforma en “Taller de afilar Ambulante”. Ahora sin esfuerzo físico planifica el itinerario semanal a seguir.

Los lunes serían los repartos playeros de Miramar, Marianao y Buena Vista, los martes otros como Santos Suárez, La Víbora y Habana Vieja, los miércoles todo el centro de la capital: calles San Lázaro, Infanta, Reina, Carlos III, Monte y Cristina.

En 1969 el gobierno cubano incauta todos los pequeños y medianos negocios, entre ellos, el transporte de Juan, que sin consuelo va apagándose día a día hasta morir de sufrimiento en 1980. “Recuerdo como si fuera hoy esa triste escena. Mi padre no sabía si sentarse o quedar de pie en el portal de la casa, mientras veía alejarse su carrito, que con tanto esfuerzo adquirió para sostener a la familia cubana que había creadoFue doloroso ver a mi padre que sin articular una frase grosera para con el que cumpliendo el deber condujo al Ford de 1931 hasta el terreno cercano a la terminal de ómnibus habanera donde poco a poco iba pudriéndose como la vida de mi padre”, expresa con tristeza Orlando, su hijo.

El sencillo taller de afilar ambulante estaba en la parte de atrás del camión y con el motor de una lancha marca Wisconsin movía las diferentes piedras de afilar, pulidoras, que junto al disco de acero embadurnado de aceite y esmeril en polvo sacaba lo más posible el filo a las cuchillas y navajas de barbero.”

Ahora después de tantos años comprendemos lo que Juan, el gallego, sufrió al ver su herramienta de trabajo bajo sol, lluvia y sereno, además de ver reducido sus ingresos de 500.00 o 600.00 pesos mensuales en moneda nacional a una injusta jubilación de 84 pesos.

Asombra sobre manera cuanto trabajaron estos dos hijos de Galicia. Se podrá expresar con rapidez toda esta odisea, pero difícil enfrentar la ardua y altruista tarea realizadas por estos dos gallegos para dar de comer, vestir y dar estudios a sus tres hijos y construir en 1952 una casa en el reparto Nuevo Miraflores en Alta Habana.

Juan y su esposa Rosalía murieron sin volver a Castro Caldela, Ourense, Galicia, España; tampoco sus hijos han logrado conocer la aldea donde nacieran sus padres, a pesar de ser naturalizados españoles. El monumental panteón de la asociación galaica “Naturales deOrtigueira, guarda los restos de estos dos esforzados orensanos que solo hicieron bien sin mirar a quien.

Felipe Cid, Carta de España

Hispanista revivido.