Violencia de pareja

El sistema, el poder, que nunca en la historia del hombre gozó de tanta capacidad de publicidad y confundir a las gentes, y con muy poco dinero, al que le saca una gran rentabilidad en un tiempo record, hacer que el hombre insensible y estúpido que ha logrado crear, no tenga tiempo ni capacidad de reflexión propia para cagarse en la puta madre que lo parió.

Etiquetar para la publicitar, es algo que hacen con mucho tino desde esos lugares de combate sociales, donde saben, perfectamente que un ejército de bailaguas sin misericordia ninguna, sin dignidad ninguna, alegando que son sagrados asuntos de levantar el puchero, desde cualquier altavoz propagandístico, repiten las consignas que alinean de fuego amigo, daño colateral, hoja de ruta, violencia de género…y un puñado más, que cree el comemieldas que las pronuncia que está en la línea del progreso y el desarrollo del humanismo, pero mira solo su billetera.

Genero, con o sin violencia, lo define la Academia de la Lengua del Español (ahora no es real ni puede que valga tanto como uno de ellos) como: Conjunto de personas o cosas que tienen características generales comunes. “el género humano”. 2º.-Manera de ser una cosa que la hace distinta a otras de la misma clase. “ese género de vida no es para mí”.

Las tres grandes religiones monoteístas que han triunfado y desarrollado su poder social en el llamado mundo occidental, ninguna de las tres tienen una consideración de igualdad hacia la mujer; y como se pasan la vida viendo la paja en el ojo de una religión, mientras nada hacen respecto a la colaña que tienen ellos en sus propios ojos, si en el campo material todo gira en el entorno de tener fe y mantener un ejército de predicadores, en lo que respecta al respeto religiosos y de igualdad hacia la mujer, todas guardan un silencio de siglos, y los vejestorios, que por regla general son los que las dirigen, no están posicionados más allá de la prosa defensiva, haciéndola lo más poética posible; pero de progresar hacia la igualdad real de la mujer, nada.

Existe una realidad, que es un corolario matemático que, en la medida que las sociedades avanzan, y están avanzando últimamente mucho en arcaicos conceptos teocráticos, la mujer va quedando relegada en posiciones más vejatorias de desconsideración, aunque no le vayan a faltar leyes y subvenciones para que puedan asociarse y patalear todo lo que quieran; pero siempre con soluciones de parcheo perimetral y sin entrar en el meollo de la cuestión de su estima como se parejo social al hombre.

Cuando la sociedades viven más pendientes, especialmente de los dioses monoteístas, y especialmente en la que me ha pillado más próxima, con recelo aún cuando era un crio, la vaticana, las mujeres, en una secuencia matemática directamente proporcional, bajan escalones en su consideración social y pasan a planos arcaicos de hipocresía y desconsideración entre palabrerías que no se lo creen ni los propios que las pronuncian.

En la España actual y la recién pasada de calendario, no de forma de pensar, desde los altares de la llamada fe y moral religiosa, la mujer ha sido y sigue siendo un ser que lo que tiene que hacer es callar y obedecer al marido. Y el marido, vaya o no vaya a misa, sea o no un fiel creyente, esté formado en una escuela concertada con claro tufo vaticano, o en los centros o expendedurías de títulos de los llamados superiores que los cobra el clero a una alta relación euro/desconocimiento, o, por mayor abundancia, se forme en las gradas de los campos de futbol (en algunos como en el de cortijá cartagenera sale la virgen, según, a jugar también) o a pie juntillas apoyado al mostrador de un bar, salvo en la ropa que viste, apenas hay diferencia alguna con aquel hombre, pelliza al hombro, de una España negra con tonos grises acentuados, que entiende la hombría como ya se encargó el altar desde hace muchos años que se aposentara en este país.

El género humano no tiene violencia; el genero humano, de por sí, es violento desde que da el primer bocado al que lo tiene en brazos para quitarse el desazón que le producen los dientes cuando le están naciendo. La violencia de género del humano está ahí, por lo tanto, desde el nacimiento. La metida social, el engaño social, es que la pareja, la hermosa pareja que pueden hacer un hombre y una mujer, una mujer y un hombre, ya se encargan las religiones, del mismo modo a como lo hacen las empresas multinaciones con las sociedades de paisanos, de desastibilizarlas, en busca de su particular río revuelto, donde recogen ganancias espectaculares.

El fallo de la pareja, del matrimonio, que nada preocupa en sociedades pobres que les sobran lamentos para llevarse a la boca, en una sociedad machista resultado de una religiones machistas, solo está recogiendo la cosecha por siglos plantada, porque nunca se ha tratado el tema desde la base y el origen de la desigualdad, dejando en paz el género, y atendiendo la pareja.

Salud y Felicidad. Juan Eladio Palmis.