El modelo federal propuesto por P. Sánchez, debería incluir a Cuba y a Puerto Rico

 

 

Al señor Mas no se la ha ido la olla, es el resto de España el que no se entera de lo que sucede.

Desde que los Austrias perdieron la Corona tras la Guerra de Sucesión, cambió completamente el paradigma de gobierno peninsular, pero desde entonces todo el mundo actúa como si no hubiera pasado nada. Tras la caída de una dinastía dueña de medio mundo, para la cual nunca fue un problema reconocer las particularidades específicas de todos sus súbditos, se pasó a un esquema de poder centralizado típicamente francés.

Desde entonces reyes y gobiernos españoles siguieron los consejos centralizadores, inspirados por su ilustre vecina. ¿Y cómo podría haber sido de otra manera? Si Francia era “lo más” dentro de Europa y España a pesar de todas sus riquezas de ultramar “lo menos”.

Con la publicación de la última llamada a la población de los Tres Comunes de Cataluña, se proclamaba claramente que con la caída de la Ciudad Condal, terminaban en España no sólo “la libertad y la independencia de una raza”, sino el modelo de gobierno practicado hasta el momento: la reunión voluntaria de pequeños estados peninsulares.

Desde entonces la voluntad de los monarcas borbónicos estuvo dirigida a centralizar el país, sin lograrlo realmente. Por eso España nunca llegó a convertirse en un país de verdad y siempre se mantuvieron -más o menos solapados- los regionalismos que terminaron pariendo las Guerras Civiles (aquí y en América), la dictadura Franquista y la Constitución de 1978.

Aunque no se apoyara sobre bases reales, la construcción de esa España soñada estaba en todos los espíritus avanzados de la Transición, pero sólo gracias a la propaganda y a la ayuda de los Estados Unidos, pudieron venderla a Europa con éxito.

Es necesario reconocer estos hechos para proponer un proyecto de Estado viable que consiga, no sólo la adhesión de la población peninsular, sino también el entusiasmo y la confianza en el futuro de todos los hispanos.

Una Federación de Países Autónomos como propone el líder del Partido Socialista, Pedro Sánchez, es un primer paso en la buena dirección. Se trata de una organización estatal que funciona actualmente en Los Países Bajos. Esta federación de países suprimiría los conflictos actuales, incluyendo la crisis desatada por el señor Mas esta semana, y prevendría otros en el futuro.

Este modelo federal, podría incluir ya de paso, a los antiguos territorios ultramarinos de Cuba y Puerto Rico cuyas poblaciones, por diferentes razones, se encuentran listas para aceptar esta opción política europeísta.

De este modo, se terminarían para siempre las veleidades independentistas. Ya puestos a soñar, el Rey debería, como ya sucedió en su momento durante la Transición, ser el gestor de esa histórica jugada que garantizaría por largo tiempo la supervivencia de la Monarquía.

El estado central se reduciría a su mínima expresión como garante de la ley suprema, la justicia y el comercio, dejándose al cuidado de las fuerzas vivas de la sociedad sus propios destinos. La Unión Española podría ser el laboratorio del mundo liberal. No el que existe hoy, sino el soñado por Ludwig von Mises y por Friedrich Hayek. Un mundo, donde los ciudadanos de los dos lados del atlántico serían dueños de sí mismos.

Estamos hablando de un modelo original de sociedad en el que la libertad individual, pautada por la ley y la tradición, constituiría el principio de una nueva etapa de la historia de la humanidad.

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