Y William Navarrete logró la Libertad

 

“Tuve conciencia clara de querer irme cuando el Mariel estaba andando”

Foto: William Navarrete en Cannes, recién llegado a Francia.

París, 2 de marzo de 2016.

Querida Ofelia:

William es un carismático intelectual cubano residente en la Ciudad Luz, que gracias a su inteligencia y savoir-faire ha logrado ganarse la simpatía y el aprecio de la comunidad cubana disidente residente no sólo en Francia, sino también en Italia, España y otros países del Viejo Mundo. Sobre sus numerosas actividades culturales podrás leer en su c.v. que aparece al final de su testimonio, en el que nos cuenta sobre cómo, cuándo y por qué decidió partir de la isla del Dr. Castro.

William Navarrete.- “Tuve conciencia clara de querer irme cuando el Mariel estaba andando. Tenía 12 años y en ese momento alguien vino a casa y dijo que la reina de Inglaterra había mandado un barco para recoger a los que tenían familia en el Reino Unido. No sé si era cierto o una broma, pero recuerdo haberle preguntado a mi madre: “¿Y nosotros no tenemos a unos hermanos de abuelo en Londres?”

Lo logré estando en la Universidad, cuando comencé a estudiar Historia del Arte en la Facultad de Artes y Letras. En ese momento comenzaron a dejar salir a quienes tuvieran una carta de invitación. En menos de dos años mi generación levantó el vuelo. Era necesario una carta de la Universidad autorizando una especie de “licencia” (así se llamaba) que le permitiese a uno ausentarse un año de los estudios. Yo era amiguito de la secretaria de mi Facultad y ella me consiguió en seguida ese permiso. Tampoco creo que hubiese sido muy difícil obtenerlo en el caso de una carrera como la que estaba haciendo, pues tengo entendido que en mi facultad se respiraba un aire diferente.

Cuando me fui de Cuba mi madre estaba ya instalada en Estados Unidos. Ella se ocupó de encontrar la manera de hacerme llegar a Francia. Como bien dije antes siempre quise vivir en la capital de Francia. En casa había un mapa gigantesco, a relieve, del París de fines del XIX después de Haussmann. Recuerdo que conocía nombres de calles y direcciones antes de haberlas transitado y que parte del juego era memorizar cómo ir de un sitio a otro diciendo de memoria las calles o bulevares que se debía tomar.

Esta anécdota la he contado pero nunca escrito. Cuando llegué al aeropuerto José Martí de La Habana para tomar el vuelo que me llevaría a París era el primero de la fila. El funcionario que estaba detrás del mostrador recogía, para el caso de los turistas, una tarjeta de no sé qué, al parecer imprescindible para dejarlos salir del país. En el caso de los cubanos (yo era el único en ese vuelo), revisó minuciosamentemi  boleto y el pasaporte. Yo era, como dije, el primero en la cola y él me miró de arriba a abajo, revisó el pasaporte y lanzó una frase lapidaria: “Este pasaporte tiene un problema, póngase al final de la cola y espere a que le avise”.

De más está decir que vi los cielos cerrados y me dije: “Tu viaje, de aquí no pasa”. Se vació la cola y todos los franceses, felices con su bronceo y sombreritos de yarey, estaban ya del otro lado, listos para tomar el avión. Yo seguía pegado al mostrador sin que el tipo me dijera nada y sin que me llamara tampoco o me aclarara qué problema tenía mi documento. Parecía muy ocupado llamando a no sé qué instancias. En eso llegó con retraso un francés que debía también coger mi vuelo. El turista, en su agitación, le había dado al funcionarillo la famosa tarjeta y éste insistía en que él no la había cogido. Empezó una discusión bizantina entre ambos y ninguno se entendía porque el funcionario no hablaba francés y el turista no sabía ni media palabra de inglés ni español. Como yo había estudiado francés en Alianza, me brindé de traductor, sin que nadie me lo hubiera pedido. Uno juraba haber entregado la tarjeta, el otro no haberla recibido nunca.

Recostado al mostrador, casi echado sobre él y convencido de que en ese vuelo no podría largarme, pude ver, gracias a mi descompuesta posición, que la tarjeta de la discordia había caído en especie de descansillo que tenía el pie de la banqueta del funcionario. El hombre, desde su posición, no podía verla. El vuelo estaba ya en su fase de cierre. Entonces grité: “¡Eureka, mira dónde está!”, señalándosela. El tipo vio los cielos abiertos como mismo yo los había visto antes cerrados antes, y exclamó: “¡Muchacho, me has salvado la vid!”, con lo cual deduzco que el asunto era de importancia. Despachó en segundos al turista francés que también respiró aliviado, y viendo que ya no quedaba más nadie del otro lado del mostrador, me preguntó: “Y tú, ¿a qué esperas?”. Seguido de mi respuesta: “Me dijiste que mi pasaporte tenía un problema y que me pusiera al final de la cola”. El tipo echó una mirada rápida al pasaporte que permanecía abierto sobre su repisa, puso un cuño en la tarjeta blanca que me autorizaba a viajar y me dijo: “Este pasaporte no tiene ningún problema. ¡Corre que se te va el vuelo!”.

Así pude llegar al parisino aeropuerto de Orly, un domingo soleado de octubre, bajo unos 10° C más o menos.”

William Navarrete (Cuba: 9 de septiembre de 1968). Estudió Historia del Arte en la Universidad de La Habana y Civilización Hispanoamericana de la Universidad de París IV (Sorbonne). Reside en París donde se naturalizó francés en 1995. Escribió y publicó en francés dos libros de ensayo sobrela música cubana: La chanson cubaine: textes et contexte (Ed. L’Harmattan, París, 2000) y Cuba: la musique en exil (Ed. L’Harmattan, París, 2004, prologado por Eduardo Manet). En 1999, en la capital de Francia, fundó junto a otros cubanos, la Asociación por el Centenario de la República Cubana y publicó 30 ejemplares de un boletín mensual titulado 100 Años. Colofón de esos dos años de actividades por el Centenario fue su libro colectivo de ensayo 1902-2002. Centenario de la República Cubana (Ed. Universal, Miami, 2002) en que participaron 27 especialistas cubanos. En 2004, publicó la antología de poesía Insulas al pairo. Poesía cubana contemporánea en París (Ed. Aduana Vieja, Cádiz), y un año después su propio poemario Edad de miedo al frío (Ed. Aduana Vieja, Cádiz, 2005 / Edición italiana Il Foglio, Toscana, Italia, 2005, tr. de Ilaria Gesi) que resultó ganador del Primer Premio de Poesía Eugenio Florit, del Círculo Panamericano de Cultura (Nueva York). En el 2005 el Patronato José Martí de Los Angeles le otorgó la distinción La Rosa Blanca por su labor en el ámbito de la cultura cubana. También tradujo, prologó y editó en versión francés-español el poemario de Gina Pellón Vendeur d’oublis / Vendedor de olvidos (Ed. Aduana Vieja, 2005) y el de Regis Iglesias Ramírez Historias gentiles antes de la Resurrección, en la misma editorial. En 2006, publicó en versión bilingüe italiano-español la antología de siete poetas cubanos encarcelados: Versi tra le sbarre (Ed. Il Foglio, Toscana). También su libro de ensayos de temas cubanos publicados en la prensa entre 1995 y 2005: Catalejo en lontananza (Ed. Aduana Vieja, Valencia, con prólogo de Grace Piney, presentado en la 37 Feria del Libro de Valencia) y sus poemas de Marruecos Canti ai piedi dell’Atlante (Coen Tanugi Editore, Milán, 2006). Publica sus artículos en numerosos periódicos y revistas en Europa y América y colabora desde 1999 para El Nuevo Herald (Miami) donde he publicado más de 200 artículos sobre temas culturales universales. Otros artículos han aparecido en revistas tales como: Encuentro (Madrid), Revista Hispano Cubana (Madrid), La Torre del Virrey (Valencia), Blanco Móvil (México), Tranvía (Berlín), Baquiana (Miami), Herencia (Miami), El Ateje (Miami), La Peregrina Magazine (Miami), La Zorra y el Cuervo (Miami), Sinalefa (Nueva York), Círculo Poético (Nueva Jersey), Linden Lane Magazine (Texas), Cyclocosmia (Obernai, Alsacia), Misceláneas (Estocolmo), Arique (Valparaíso, Chile), La Canción Popular (San Juan de Puerto Rico), Il Convivio (Sicilia), Orizzonti (Roma), Il Foglio Clandestino (Piombino, Toscana) y numerosos portales electrónicos. Ha organizado más de 70 presentaciones en la Maison de l’Amérique Latine de París. Es miembro del PEN Club de Escritores Cubanos, del Colegio Nacional de Periodistas Cubanos y traductor independiente para la UNESCO (París). En 2008, publicó la compilación de textos críticos sobre el pintor cubanoamericano en Miami Humberto Calzada: Visión crítica de Humberto Calzada (Ed. Aduana Vieja, Valencia, 2007); prologó el libro de arte de Regina A. Behrens Al-Sowayel Secret Interiors in Saudi Arabia; publicó su libro de cuentos inspirado en obras del Museo del Louvre: La canopea del Louvre (Valencia, Ed. Aduana Vieja, 2008); el libro de homenaje a José Lezama Lima Aldabonazo en Trocadero 162 (en el que hizo participar a 33 escritores cubanos) y su poemario Lumbres veladas del Sur, inspirado en Marruecos. Ha participado en numerosas Ferias y Congresos Literarios en Valencia, Cádiz, Madrid, Verona, Miami, Frankfurt, Marsella, Lyon, Estrasburgo, Calabria, HAY Festival Xalapa (Mexico), Feria UANLeer de Monterrey, Festival de la Palabra de San Juan de Puerto Rico, Festival Santa Cruz de las Letras (Bolivia), Salón del libro de Niza, Villeneuve-sur-Lot, Montmorillon, Saint Louis, Cosne sur Loire, Sète, Le Mans, Quimper, Deauville, Narbonne, Provins, etc. Su primera novela La gema de Cubagua (Ed. Legua Editorial, Madrid, 2011) fue publicada en francés bajo el título La danse des millions (Ed. Stock, París, 2012). Su segunda novela Fugas (Ed. Tusquets, col. Andanzas, 2014), traducida en francés como En fugue (Ed. Stock, col. La Cosmopolite, Paris, 2015), Genealogía cubana. San Isidoro de Holguín, con la colaboración de María Dolores Espino (Ed. Aduana Vieja, 2015) y Dictionnaire insolite de Cuba (Ed. Cosmopole, Paris, 2014, escrito en francés). Recientemente ha publicado “Danser avec l’ennemie”. In: Nouvelles de Cuba (Ed. Magellan, Paris, 2016) y su poemario Animal en vilo (Ed. Universidad Autónoma de Nuevo León, México, 2016, ilustrado por el artisra Segundo Planes)

Le doy las gracias a William por haberme dado su testimonio y por su sincera amistad.
Un gran abrazo desde estas lejanas tierras allende los mares,

Félix José Hernández.

Hispanista revivido.