José Gabriel Barrenechea.

De los “debates” sostenidos en la Asamblea Nacional, y luego transmitidos por la televisión cubana, podrán muchos ciudadanos llevarse la impresión de que grandes avances van a ocurrir: No se le pondrán límites a la acumulación de riqueza, otras formas de propiedad serán reconocidas, el Habeas Corpus estará incluso en el texto constitucional, tendremos matrimonio igualitario y hasta Presidente y Vicepresidente…

El asunto está en que por lo que parece y puede colegirse de esos debates, la Constitución tendrá por sobre todo un carácter declarativo, muy ambiguo, y serán solo las leyes complementarias quienes asegurarán en verdad todas esas escasas maravillas que se nos prometen. Nada menos que más de medio centenar de ellas. Lo cual puede ser en definitiva no más que una trampa…

La Constitución, así planteada de una manera que en definitiva no compromete a mucho, y luego llevada a Referendo, podría resultar en un instrumento legitimador para el gobierno que ahora asume tras la salida del poder de la llamada generación histórica. Un alto porciento de aprobación de la misma podría serle a ese gobierno de mucha utilidad en lo futuro, ante todas las críticas que pudieran hacérsele, de la misma manera que funcionara ya con el orden constitucional de 1976 (aprobado por un 96% del padrón electoral).

Porque el hecho es que existe la posibilidad, muy real si tenemos en cuenta de con quien tratamos, de que tras obtener su ansiado baño de legitimidad en las urnas, debido a aplastante triunfo del SÍ, la Constitución vuelva a ser relegada de su papel de norma superior de la convivencia social, y regresen la discrecionalidad y el mandonismo, ahora en la forma de un Canelato. Lo que podría conseguirse con solo hacer que la gran mayoría de las nuevas leyes complementarias queden otra vez en el limbo, a la espera de que tome posesión la nonagésimo primera legislatura de la Asamblea Nacional, o incluso con solo lograr que en la elaboración de las mismas se incluyan sutiles argucias legales que conviertan las grandes declaraciones de la Constitución en letra muerta.

Es por ello, ciudadano, que no debes de dejarte arrastrar por el oropel constitucional, por la palabrería a propósito oscurecida por quienes intentan imponernos esta Constitución.

Vota NO, y con ello puedes lograr dos cosas: O que sea derrotada la propuesta y en consecuencia en el próximo proyecto de Constitución que nos presenten haya más avances, o por lo menos que queden claramente establecidas las ganancias que obtendremos, sin la necesidad de esperar por unas leyes complementarias que podrían retrasarse hasta la próxima venida de Nuestro Señor. O que consigamos un importante por ciento de voto negativo que le reste en consecuencia legitimidad al nuevo gobierno, coartando así su posibilidad de regresar a la discrecionalidad y el mandonismo.

#XelNO.

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