Ya se sabe el nombre de las dos cubanas asesinadas a sangre fría ayer

 Maritza Osorio Riverón había llegado hacía unos 15 años a Usera. Nacida en la localidad cubana de Holguín hace casi 40 años, vivía con su hija, Yaimara, y con su primo en la calle Olvido

 

Desde el portal de su casa hasta el del despacho apenas hay un par de minutos caminando. Maritza tenía 40 años y vivía en el barrio de Usera hace 15.

“Todo lo que trabajaba era para su hija”, cuenta un vecino, quien señala que Maritza “se desvivía” por ella. “Todos la conocíamos porque vive desde hace tiempo aquí -añade el hombre-. Siempre sonreía en las tiendas, en los bares por los que pasaba”.

“Nos llevamos una sorpresa enorme”, relata Omar, cliente de Víctor Joel Salas Coveñas, regente del bufete Euroasia donde tuvo lugar el suceso. “Maritza trabajaba en la recepción -explica-, la debieron contratar porque era muy amable”. Según el testimonio de Omar, la mujer llevaba unos 3 o 4 años trabajando en el despacho. Lo hacía en el horario de tarde y, además, repartía publicidad de este negocio por las calles. Previamente se había desempeñado en un bar próximo.
Maritza tenía una hija.

Maritza tenía una hija.

“Cuando vi lo que estaba sucediendo no me lo podía creer”, prosigue Omar. El incendio declarado en el despacho le sorprendió cuando salía de un local próximo. Después se enteró de que en el interior del bufete se encontraban los cuerpos de las dos trabajadoras y del cliente ecuatoriano.

“Maritza era luchadora”, señala una mujer que vivía en la misma calle. “Tuvo a su hija siendo muy joven y siempre tuvo pelear”, añade.
Elizabeth, abogada

Los vecinos del madrileño barrio de Usera cuentan que la segunda víctima, Elizabeth, era también cubana. “Tenía unos 30 años y ayudaba al abogado en sus labores”, cuenta un cliente del bufete. La víctima había obtenido hacía poco el título y ayudaba al titular del despacho en los casos de extranjería, en los que estaban especializados.
Elizabeth, la abogada asesinada.

Elizabeth, la abogada asesinada.

“Muchos veníamos aquí cuando teníamos algún problema con los papeles -sigue explicando el cliente-. Cobraban un buen dinero, pero sabían resolver bien estos temas”.

El cuerpo de Elizabeth fue encontrado por los bomberos en las mismas dependencias que el de Maritza. Habían acudido al despacho para sofocar un incendio con dos focos de ignición. Una de las trabajadoras había sido degollada y la otra tenía fuertes golpes en la cara. Ésta última estaba en parada cardiorrespiratoria, pero los sanitarios del SAMUR no pudieron salvar su vida.
Un cliente ecuatoriano

“Todavía huele a quemado”, inquieren los viandantes que pasan frente al portal del suceso, en el número 40 de la calle Marcelo Usera. El despacho del abogado cuenta con cuatro ventanas, dos por cada dependencia.

En la primera de ellas, la más próxima a la puerta principal, es en la que los bomberos encontraron el cuerpo medio abrasado de un hombre. Cuando le dieron la vuelta se percataron de que éste había sufrido el impacto de un hacha en la parte delantera de la cabeza.

El cliente fallecido, la tercera víctima, era de Ecuador. En bares y restaurantes regentados por personas del mismo país no conocen la identidad del hombre. “No debía de vivir por aquí”, afirman, no sin antes lamentar “la muerte de un compatriota en algo tan oscuro”.

Fuentes policiales apuntan que el crimen pudo cometerse por un ajuste de cuentas con el abogado titular, Víctor Salas Coveñas. Natural de Perú, había ejercido como fiscal en su país natal, especialmente en casos de narcotráfico y de secuestros. Las mismas fuentes advierten, no obstante, que el crimen podría estar vinculado con algún asunto relacionado con su bufete en Usera.

Hispanista revivido.