Esta española de Cuba fue expulsada de la Revista Revolución y Cultura donde trabajaba por consultar medios de prensa extranjeros

  • Denunció la injusta situación y ahora espera la vista con el Órgano de Justicia Laboral
  • También colaboró adifundir la iniciativa “El Museo de la Disidencia en Cuba”

 

Pasados los 30 días de haberme aplicado, los directivos de la revista Revolución y Cultura donde trabajo, una medida cautelar con el objetivo de investigar si usé “inadecuadamente los equipos de computación y la conexión del centro con fines ajenos a mi labor como promotora cultural y a la política de la institución”(1); se me informó el 1 de julio mediante una Resolución que se me separaba definitivamente de la entidad por “haber dañado, a partir de una acción de comunicación malintencionada o desacertada, la imagen del sistema, organismo o país”.

La lectura de la Resolución me resultó sumamente engorrosa, pues al final no me enteré si se me expulsaba por haber encontrado ellos en mi cuenta de internet, “trazas de conexión con sitios como havanatimes.org, cubanet.org y museodeladisidenciaencuba.org”; o si se trataba de lo promocionado -El Museo de la Disidencia en Cuba – en la entrevista cedida a Ernesto Pérez Chang, y los subsiguientes comentarios y declaraciones online surgidos a raíz de la injusta actitud asumida por los dirigentes de mi sede laboral.

Si se trata de lo primero, al calificar esas revistas digitales de “irrelevantes e innecesarias para las tareas que me estaban encomendadas”, pasan por alto el hecho que, como historiadora del arte, todos los medios resultan válidos para mi superación personal.

Además, informarme de lo que acontece desde distintas plataformas, me permite obtener una visión más completa del panorama cultural nacional e internacional.

Pero amén de todo eso y para rematar, nunca se me advirtió en estos cuatro años de trabajo sobre los sitios a los que podía acceder o no.

Y si el despido se basa en la segunda razón, quisiera argumentar que, colaborar en un proyecto artístico que defiende el derecho a la disensión, y busca el diálogo entre las distintas partes que componen el sistema político cubano contemporáneo, no corrompe mi ética en ningún punto, más bien la pone en sintonía con la participación ciudadana que corresponde a los tiempos actuales.

Asesorada por un abogado del Bufete Laboral de La Habana, en la reclamación que llevé a cabo en los siete días hábiles asignados por la ley, presenté mi inconformidad con todo lo ocurrido y el aparato legal que me amparaba.

Denuncié la arbitrariedad con la que considero se me ha tratado y las contradicciones existentes en la justificación de la sanción disciplinaria.

Ahora debo esperar la vista con el Órgano de Justicia Laboral que radica en el propio Ministerio de Cultura, quienes en este primer nivel del proceso, deben definir mi reivindicación o no.

Yanelys Núñez Leyva, Havanatimes

 

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