Antes que sacar provecho de la política estadounidense, como hizo Fidel Castro, Yoani y los demás disidentes viajeros se enredan en la politiquería de Miami

Al revolver que los líderes de la oposición “han sido incapaces de movilizar a una parte significativa de la sociedad”, Haroldo Dilla marcó ese paso tan chévere de cubanía, narcisismo y petulancia con que arrollan quienes desde 2009 fueron despachados por el jefe de la diplomacia estadounidense en Cuba como “individuals with strong egos (…) trying to undercut one another”.

Dilla comenta que hasta Yoani Sánchez, “una persona que a su inteligencia política siempre ha sabido unir el don de la pertinencia”, sucumbió al narcisismo al entrar ahora a Chile “de la mano de una derecha pinochetista”. Solo cabe recordar que en 2013 entró a Brasil de la mano de la izquierda lulista para dar con la clave pisco-sociológica (¿o socio-psicológica?) de que hay que agarrarse de la mano que se tienda. Esto nada tiene de inmoral. El mercado de ideas es un mercado como otro cualquiera: allá quien pague. Yoani no tiene por qué justificarse con que “viajo gracias a la solidaridad de muchas pequeñas personas como yo”.

La trampa plattista

Lo que sí debe aclararse es que su inteligencia política no estriba en hacerla, sino en vivir de ella, y que su don de la pertinencia radica en aprovechar la coyuntura de mercado del lado de la bandería dialoguera cubano-americana que acabó por encajar con el pacto Obama-Castro y viene desbancando a la bandería radical.

Antes que sacar provecho de la política estadounidense, como hizo Fidel Castro, Yoani y los demás disidentes viajeros se enredan en la politiquería de Miami. Todos vienen a desmentir el eslogan de la malograda escuela de cuadros disidentes del Miami-Dade College: “Somos un solo pueblo”. Aparte de que ninguno tiene pueblo (base política propia) allá, tienen que dividirse aquí según las pautas de sus proveedores de base mediática: las banderías republicana y demócrata del anticastrismo exiliar. Así, la disidencia interna clona el cisma entre la Fundación Nacional Cubano-Americana (FNCA) y el Consejo por la Libertad de Cuba (CLC).

Al apoyar la candidatura de Obama en 2008, Jorge Mas Santos (FNCA) cantó bien clarito la jugada: McCain promovía hacia Cuba “una política que han cogido de rehén los hermanos Díaz-Balart”. De ahí que se amañara la entrevista de Yoani a Obama en 2009 y que en 2013 Mas Santos colara en su casa a Guillermo Fariñas y Berta Soler como lucecitas para escena, en medio de una recaudación de fondos electorales del Comité Demócrata, porque Obama iba a largar: “Hemos comenzado a ver cambios en la Isla [y] tenemos que continuar actualizando nuestras políticas”.

De ahí también que el Instituto La Rosa Blanca, presidido por Lincoln Díaz-Balart, “apoya firmemente” al Dr. Oscar Elías Biscet, Antonio Rodiles e incluso a Rosa María Payá, amén de valerse de Antúnez como punta de lanza. Nada más que llegó a Miami, Antúnez profirió en Radio Mambí que venía, “a diferencia de algunos, a denunciar a la dictadura castrista [y] criticar al gobierno de Barack Obama que rompió una política de años”.

Justamente para ensalzar esa ruptura, Mas Santos se había valido antes de Yoani con el embeleco de que ella estaba “uniendo lo que Castro ha dividido”. Carlos Saladrigas remachó con que “Yoani replantea el debate” y Yoani tiene que sellar de algún modo este empalme de la disidencia interna y el exilio dialoguero. En Chile vino a hacerlo con otro embeleco: que las negociaciones entre La Habana y Washington “me parecen una profunda derrota para el gobierno [castrista]”.

Tiempos de cambio

Así mismo es embeleco su proclamada revolución underground por obra y gracia de la memoria flash. Nada tiene de inteligencia política suponer que los mensajes se tornan movilizadores por cambiar de soporte tecnológico, sobre todo si al preguntársele qué información podría montarse en esas memorias para meterlas en Cuba y despertar la conciencia de libertad y democracia, Yoani respondió a El Nuevo Herald que programas “de los periodistas Oscar Haza y María Elvira Salazar, así como documentales sobre el dictador soviético José Stalin, la revuelta que tumbó al gobierno comunista de Rumania y la caída del Muro de Berlín”.

Nada de lo anterior será efectivo, máxime si vamos ya para la cuarta década de ida y vuelta de cubanos avecindados en tierras de libertad sin contagio alguno entre sus familiares en la Isla del Diablo. Muy pocos estarían dispuestos a pasar malos ratos o correr el riesgo de Alan Gross por llevar memorias flash en visitas a Cuba, tal y como muy pocos han respondido a la solicitud explícita que hizo Yoani de ayuda tecnológica para llevar adelante su revolución underground. El Nuevo Herald notició apenas “cuatro laptops y más de 20 teléfonos celulares y unidades flash”.

No hay donaciones significativas de parafernalia democratizadora como no hay colectas de dinero para la causa patria. Nadie compraría bonos de la Generación Y, porque todo el mundo sabe que esa inversión no tiene retorno. Sólo que como pueden largarse alegremente mensajes por dondequiera, cada cual se opone al castrismo conforme a su dispositivo de telecomunicación y arraiga entonces la ilusión de que la política no se gesta por grupos o multitudes, sino por presencia en el éter o en el ciberespacio.

También por El Nuevo Herald nos enteramos, el 1 de abril de 2014, que Yoani “obtuvo una licencia para la clasificación laboral [de] mecanógrafa”. Sin embargo, el 24 de mayo de 2014 Granma fue autorizado a informar que la Casa Blanca respaldaba “el proyecto de la bloguera contrarrevolucionaria Yoani Sánchez, de crear un medio de prensa digital, el cual es financiado totalmente con dinero proveniente del exterior y tiene como propósito fundamental alimentar las campañas de desinformación y difamación contra Cuba”.

El Nuevo Herald no ha dado más noticia de la trayectoria laboral de Yoani como mecanógrafa, pero sí sabemos que su proyecto contrarrevolucionario cuajó y campea por sus respetos como “diario hecho en Cuba”, por encima de las leyes de inversión extranjera y del trabajo por cuenta propia. No en balde el bloguero castrista Manuel Largade colocó esta baliza en la blogósfera anticastrista: “La hipócrita posición de víctima de Yoani podría justificarse, hasta cierto punto, si se tiene en cuenta que (…) ella sí está del lado de acá”.

Coda

El juego político del castrismo tardío consiste en dar pita a ciertos disidentes para animar a la bandería dialoguera cubano-americana en el tráfico de influencias con diversos sectores de la política estadounidense. Así, el grupo de presión CubaNow, con Rick Herrero por delante y Saladrigas detrás, difundió la imagen de Yoani en los anuncios que instaban al acercamiento de Washington a La Habana.

Yoani viene bien por su inteligencia y pertinencia para mezclar el vinagre de la crítica al castrismo con el aceite de que la transición a la democracia discurrirá por entre memorias flash, conversaciones con el gobierno, inversiones en pymes y demás artimañas de la hipocresía política y del delirio de ilustración, que generan premios y viajes fuera, pero jamás partidarios dentro.

Para colmo la otra bandería no tiene alternativa. El 30 de abril de 2013, Biscet anunció por teléfono en Radio Mambí que había echado a andar el Proyecto Emilia con intención de radicalizar la oposición pacífica, que se había tornado demasiado teórica. Biscet adelantó que pasaría a la práctica dejando de estudiar textos sobre cambios pacíficos para ver mejor películas al respecto, ya que “se parecen más a la realidad”. Así dio otro ejemplo para que Dilla refuerce su convicción de que “lo que nos salva a los cubanos es nuestro excelente sentido del humor”.

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